A María Corina y Antonio Ledezma: ¡La casa siempre gana!

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us
El asunto de las elecciones en Venezuela es el eterno cuento del «gallo pelón». La cosa tampoco se resuelve empadronando a todos los venezolanos que tenemos regados por fuera del país. Ni porque Lorenzo Mendoza forme parte o no de los 30 fulanos que se están lanzando en las primarias para el certamen del liderazgo nacional. Ni tan siquiera porque algunos gobiernos, que hacen o que quieren hacer negocios con el régimen de Caracas, empujen otra y otra y otra ronda de negociaciones en México.
La verdad es que, tal y como pintan las cosas, poco importa quiénes, ni en dónde, ni cuántos venezolanos salgamos a votar. Lo importante es que, al final del día de las elecciones presidenciales en Venezuela, se respete la auténtica y verdadera voluntad popular. ¡Lo demás es folklore y conversadera!
Pero lo que ocurre es que, luego de 23 años de trampas, máquinas arregladas a favor del régimen con el consentimiento de la mismita oposición que hoy quiere que salgamos nuevamente a votar, así como la metástasis de una cancerígena cultura de ilícitos electorales, hay muy poco que se pueda hacer para que el voto funcione como una verdadera palanca de cambio en Venezuela.
Por favor: al régimen no le quita el sueño ni las encuestas a su favor ni las que salen en su contra, ni las estadísticas actuariales de la nación, como tampoco las preferencias electorales de los posibles votantes o de la gente que se abstiene de votar.
Con la impunidad con que controla la dictadura todas las fases y todos los pasos del entramado electoral venezolano tiene más que suficiente: ¡LA CASA SIEMPRE GANA!
Ustedes saben que la única manera en que todas esas variables vuelvan a tener peso e importancia, como en cualquier democracia del mundo, es solo a través del Juego Limpio. Es decir: auditoria profunda e imparcial del Registro Electoral venezolano, regreso al voto manual, cambio de todos los rectores del CNE, exclusión de las NARCOFUERZAS armadas del Plan República de la mecánica electoral en los comicios, y contar con la veeduría de un grupo de países democráticos realmente comprometidos con el respeto de la auténtica voluntad del pueblo venezolano; con capacidad acordada y arbitrada para vetar los resultados de ocurrir irregularidades, de cualquier lado, dentro del proceso.
Sin esas condiciones, que son mínimas en cualquier democracia del mundo actual, no es posible ningún tipo de cambio de transito democrático. Seamos serios: sin esas condiciones todos sabemos que nos estamos haciendo los pendejos.



