Arte y Entretenimiento

A mi madre María Luisa Carrasco

Pablo Marcial Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Flores marchitas amarillas, azules y rojas
mezcladas entre sí por la pasión solidaria,
llevadas por manos cristianas
al Altar de la adoración.

Ellas son testimonios vivos del dolor,
de lágrimas y adioses,
de música, voces celestiales
homenajeando a una mujer
que todo merecía.

Ella fue flor y jardín, y agua y sol.
Fue luna enamorada y sol que acariciaba.
Soprano con voz de terciopelo
que rozó el corazón de los cristianos.
Fue poeta y escribana, pintora y ceramista.
Y dibujó siluetas de la vida.

Y le cantó al amor sufriendo.
No le restó méritos a nadie.
Cantaba el Ave María en cada matrimonio,
a la gente humilde como su mejor regalo.

Y elevó al cielo en un verano las voces
y los cuatros de los niños tocuyanos.
Tanto amor y amor del bueno.

Las flores que estaban presentes con nosotros
fueron el mejor testimonio que la homenajeada
merecía en su despedida ese Adiós y mucho más.

Como todas las noches las miró con cariño,
porque no olvido que fueron jueces
de un acontecimiento celestial,
donde Dios estuvo presente.

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