CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

A mi madre querida: Adiós en la distancia

Tengo que pedirles a aquellos que día tras día me oyen, me leen y me siguen que hoy me excusen. Un gran dolor me estruja el alma. Una tremenda pena me parte en dos. El miércoles en horas de la madrugada, María Luisa Carrasco, mi madre, falleció en El Tocuyo, estado Lara, República de Venezuela.

Lejos, desde la distancia, tengo varios años sin haberla podido volver a ver. Solo gracias a la prodigiosa tecnología pude estar con ella en sus últimos cumpleaños, desde este rincón del exilio. La edad avanzada se hizo cargo de borrar la pena por las ausencias de varios de sus hijos, hoy regados por el mundo. Dios, con su manto de piedad y en su Infinita Sabiduría, le escondió los recuerdos.

Por razones por todos conocidas no fue posible despedirme de mi madre en su lecho de muerte; ni tampoco soy libre para estar a su lado, cuando su cuerpo regrese a la tierra que tanto amó.

Si yo le tengo las ganas que le tengo al régimen de Caracas, es de esperar que las sanguijuelas que están chupándose a Venezuela me tengan las mismas ganas también a mí.

Si soy capaz de odiar con la virulencia y el desprecio que siento por todos ellos, por todo el daño que le hacen a mi pueblo, por todo el mal que le han hecho y que día a día le siguen haciendo a mi país, en este trance, con el dolor de mi madre muerta y yo lejos de su último beso, de su última bendición en la Tierra, ahora lo que siento por ellos no puede ser descrito con palabras.

Pero Pablo Medina Carrasco solo es apenas una cifra más, es otro de los tantos millones de venezolanos que tiene que lidiar con una madre que muere lejos de nuestro último adiós. O de un hermano enfermo. O de un hijo que se gradúa de bachiller y tú no lo puedes acompañar. Una hija que decide casarse con un novio al cual solo conoces por WhatsApp. Un amor, remoto en la distancia incierta, del quién sabe si lo vuelvas a ver otra vez. A Venezuela, a la nación venezolana, o los venezolanos, por culpa de estos malvados, nos toca duro, durísimo.

Para que nos entandamos correctamente: esto, estas separaciones forzadas, estas rupturas de familias enteras, esta Venezuela fragmentada tiene que parar. Está más que claro. Con esta gente que hace lo que hace para que todas esas tragedias le sucedan al venezolano que ha sido empujado de su país, NO se puede convivir. Ellos no tienen escrúpulo alguno. Hacen de la vida de toda una nación un infierno de distancias, soledades, pobreza y miseria con tal de cogerse lo que no es de ellos.

Nos están acabando, y eso NO lo podemos permitir. Por simple lógica matemática: los buenos, los decentes, quienes aman al país y a los suyos, somos más.

¡Venezuela no te sigas dejando joder!

Pablo Medina acompañado de su madre, señora María Luisa Carrasco, en una de las últimas visitas a El Tocuyo. Foto: Archivo familia Medina Carrasco

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