Opinión

¿A quién no voy en el Mundial?

Omar Estacio / Venezuela RED Informativa.us

Horas, apenas, antes del pitazo inicial, estalló el más reciente escándalo -que no será el último ¡ya lo verán!- relacionado con el “Mundial de Fútbol 2022”. Amjad Taha, director regional del Centro Británico de Estudios e Investigaciones sobre el Medio Oriente, informó que ocho futbolistas de Ecuador, supuestamente, habrían recibido siete millones y medio de dólares, a cambio de propiciar el resultado, uno por cero, a favor de Qatar, en el partido de apertura del torneo en cuestión.

En “Cómo viajar con un salmón», Umberto Eco, hace una confesión similar a la nuestra. Este servidor, como Eco, no es enemigo del fútbol. Pero me declaro detractor de todo aquello que lo ha pervertido.

Enemigo o detractor son posturas que, uno, en lo personal, debe reservar, para situaciones muy excepcionales. Así que, palabras tan terribles demandan, las respectivas acotaciones.

Comencemos por las federaciones, confederaciones y toda laya de ligas que dirigen, las actividades deportivas alrededor del Mundo. La, FIFA, una de las “peorcitas”.

Los lectores se servirán recordarlo. Años atrás, una corte federal de EE.UU., dictaminó que por “dos generaciones consecutivas” la dirigencia de la referida federación, de forma “rampante, sistémica, enraizada” había incurrido en los delitos de asociación para delinquir, legitimación de capitales, doping en grado de encubrimiento, malversación, compras y ventas con sobreprecios, tráfico de influencias, sobornos, entre los más descarados, los recibidos por sus directivos, para otorgarle a Qatar, la sede del Campeonato Mundial, que hoy se inaugura. En medio de esos y otros escándalos han ido a la cárcel un nutrido número de federativos. Al contrario, ni un solo jefe de Estado, ministro, magnate de las industrias, cervecera, publicitaria o de las comunicaciones, ha sido castigado pese a que es imposible que, los corruptos federativos, no hayan contado con compinches semejantes.

Ahora hablemos en tiempo presente. Para corroborar su carácter forajido, la referida federación ha degenerado, en comanditaria de las autoridades del emirato de Qatar, en prácticas esclavistas en pleno Siglo XXI.

“La más feroz delincuencia (…) la más insigne violación de la dignidad humana». Así se refería a la esclavitud, nuestro Padre Libertador, Simón Bolívar. No pueden calificarse de otra manera, las condiciones infrahumanas a las cuales fueron sometidos millares y millares de migrantes, de Bangladesh, India, Nepal, Sri Lanka, Pakistán, constreñidos a perder la vida, la salud, la libertad a manos de los “negreros” del emirato en cuestión. Todo para entregarle a la inefable, FIFA, en carrera contra reloj, la infraestructura del Campeonato Mundial 2022, lo que condujo al macabro saldo de 15 mil obreros -o esclavos- fallecidos y alrededor de 150 mil explotados.

Y concluimos con lo más antifutbolístico: el fanático. Me refiero a todo aquel que confunde la afición por el balompié, con la honra nacional. Que es capaz de morir o matar por su divisa, porque no discierne entre un pasatiempo y un enfrentamiento armado; que responde con indiferencia a reclamos como el presente, por su fementida calidad de deportistas. El barón de Coubertin, proclamaba, “que lo importante no era ganar sino competir”, pero para nuestro multiatleta, “Chiqutín” Ettedgui “lo importante no es competir, sino competir bien”.

Los pronósticos del señor Taha, mencionadas al comienzo, no se concretaron ¿Jugó «posición adelantada» con una denuncia tendenciosa o que al ponerlo al descubierto, impidió que se consumara el soborno ? Nada sería de extrañar. Tratándose de asuntos relacionados con la FIFA y sus cómplices permanentes o circunstanciales, puede esperarse lo peor.

El cronista, por lo pronto, en ejercicio de su derecho a la resistencia civil y pacífica, se abstendrá de mirar, ni por la TV ni de cualquier otra forma, partido alguno del referido torneo. Ni de seguirlos por la radio. Ni de volverlos a comentar, en público o en privado. Ni de consumir las marcas comerciales promocionadas en el mismo. ¿Celebrar alguna jugada o determinada oncena participante? ¡Imposible! No es mucho pero algo es algo.

Esos balones de dinero sucio, por si fuese poco, se encuentran tintos en sangre esclava.

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