Abrir los ojos


Por lo poco que se escucha, todo induce a pensar que el Departamento de Estado de Estados Unidos está que suelta la papa caliente de la política en Venezuela y se la pasa a María Corina y a la Delcy.
Así como al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le salió un formidable tatequieto de Donald Trump por andar bombardeando Beirut y chalequeándole la paz con Irán, el cuento venezolano también está que ya apesta.
Y el que te conté es un tipo extremadamente práctico: si tanto Delcy como María Corina aceptan tranquilas pagar deudas inventadas, lo que NO se debe a tanto facineroso con traje y corbata, el hombre se queda tranquilo. ¡Que gane la que sea!
Pero eso sí: ¡que cualquiera de las dos esté dispuesta a pagar cualquier cosa que les digan que tienen que pagar, sea legal o ilegal, a los “pobrecitos” que le metieron una millonada al ladrón de Hugo Chávez y al colombiano de Nicolás Maduro!
Así pues que, para variar, “aquello” no es solo un asunto de democracia, o de derechos humanos, o que un pobre pueblo recupere algo de lo que le han robado un par de bandas de mafiosos por tres décadas ininterrumpidas. ¡Venezuela es un asunto estricto de cuentas ilegales por pagar, recursos por vender y espacios por controlar! ¿Ahora lo que queda por saber es cómo quedará el venezolano de a pie mientras nuevamente aporrean al país como si fuera piñata solo unos pocos? Porque ciertamente Venezuela recuperará su electricidad y su agua al precio de las privatizaciones que están próximas a venir; a cuenta de los bolsillos populares una y mil veces volteados por los rufianes que nos han gobernado.
Igualmente aparecerán los empleos y los trabajos que requieren las grandes mayorías del país que vendrán de industrias extranjeras; que ni por el carajo serán las empresas de maletín con que la gente de FEDECÁMARAS lleva años haciendo dinero sucio con el régimen de Miraflores.
El legado del bandido de Chavez, y los demás “aportes” del colombiano hoy solo son chatarra, ruina y negocios quebrados. Venezuela tiene que conseguir hacer un centro, un justo medio entre la hipocresía política y el caradurismo de la basura del siglo XXI, que se parezca en algo a la satisfacción de las necesidades de la nación.
El mundo ya no es ni blanco ni negro; cada vez tiene más tonos de gris.
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