CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Actuemos como el general Arismendi

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

Mientras que en Italia, Francia, España e incluso en Inglaterra surgen poderosas voces de alerta sobre las cotas de penetración cultural que están alcanzado los valores y las costumbres retrogradas del mundo islámico, en Venezuela vamos al revés.

Docenas de familias iraníes pasan un domingo de sol en una de nuestras fabulosas playas de Margarita. Las mujeres de los supuestos trabajadores de Irán deambulan por la arena enturbantadas y embatoladas; siempre pegadas a unos gordos con bigotes a lo Nicolas Maduro, también con cara de asesinos. Las mujeres iraníes contrastan ridículamente con los cuerpos cimbrados, esplendorosos y descubiertos de nuestras venezolanas; las venezolanas solo llevan hilos y bikinis cada vez más y más chiquitos, y se ven espectaculares.

La situación podría dar hasta risa sino fuera tan peligrosa. Los militares del régimen, siempre arrastrados, dan órdenes bien contundentes. Piden a nuestras mujeres que guarden mayor recato en cuanto a la cantidad de tela que deben llevar sus trajes de baño. Que a nadie le dé por beber cañandonga cerca de los iraníes, pues pertenecen a una cultura abstemia que castiga con el infierno la echadera de palos.

Por cierto, esa misma cultura no está reñida en lo absoluto en dinamitar colegios y guarderías llenas de niños, siempre y cuando ellos y sus padres profesen religiones distintas a la mahometana… Ah, y se me olvidaba: nada de música, de changa o reguetón, da igual. Menos de merengue, salsa o cualquier otra atrocidad reñida con las enseñanzas del Corán, su libro sagrado.

Que nadie lo ponga en duda: Maduro es un tipo miserable. Un maldito truhán que lidera una de las organizaciones planetarias más sanguinarias del crimen organizado, pero bajo el disfraz de parecer un Estado. Pero adonde está llegando su maldad y la de los suyos nunca antes se había visto en nuestro país; ¡como se ve que no es venezolano, vale!

Esto que ya estamos viendo en Venezuela no es un ensayo de tolerancia intercultural: esto es un intento de avance en la colectivización de la aceptación dócil y callada por parte del pueblo venezolano de unas hordas de salvajes medievales que tienen control sobre nuestros recursos naturales, nuestras tierras, nuestras refinerías, nuestras fuerzas armadas y ahora hasta sobre nuestras costumbres de gente del Caribe.

Quiero dejar claro que, si bien estamos hablando de un problema de naturaleza político, geoestratégico, que debe disparar las alertas en todo el Hemisferio Occidental, la defensa por la soberanía cultural, otra vez pisoteada, también le sale a la gente que lucha por la igualdad de género en nuestro país.

No solo importa el respeto por las inclinaciones sexuales de las personas; también la expresión vitrina de esas mujeres iraníes relegadas, sometidas y siempre en segundo plano ante los hombres, es para denunciarlas y combatirlas dentro de nuestro país. Esto que ya estamos empezando a ver en vivo y en directo en las Playas de Margarita, es el primer paso de un proceso de dominación cultural auspiciado por las bandas que controlan el poder en Venezuela; y también habría que sumarle la presencia de los rusos. No tengamos más miedo: ¡Actuemos como lo hizo el general Arismendi!

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