El Fogón de la Editora

AGUA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Pero claro que el NARCO-RÉGIMEN de Caracas tiene que exigirles a los periodistas, nacionales y extranjeros, que “no estorben” allá en la zona de desastre de Las Tejerías. Por supuesto: ¡tienen que esconder la verdad! Controlar la cuerda de mentiras que sin escrúpulo alguno ya se están inventando. Ellos tienen su propia y acomodada versión para explicar cómo fue que una linda ciudad del Estado Aragua quedó convertida en un odioso camposanto de barro y escombros tras varios fuertes aguaceros estacionales.

Y explicar, o al menos tratar de hacerlo, solo se consigue mintiendo, engañando, torciendo una vez más la verdad de los hechos. Porque el número de muertos de verdad del desastre no se parece en nada a los que cuentan las familias y los residentes de Las Tejerías. Porque los desaparecidos realmente se calculan por cientos, pues nadie sabe adónde fue que se llevaron las corrientes y los aludes de tierra a tanta gente, en mitad de la oscuridad de la noche sin luz.

Lo mismo que sucedió en Vargas en el 99, las magnitudes en muertos, desaparecidos, dagnificados, gente sin casa y personas que perdieron todo lo que tenían son colosales.

De no ser cierto el tamaño del desastre, no se hubiesen encendido las alarmas que rastrean los siniestros internacionales. Esas que son capaces hoy en día de barrer desde el espacio, a través de sistemas de satélites de todo tipo, lo que ocurre en cada rincón del planeta Tierra.

Así todo, lo que tratan de esconder los malvivientes de Miraflores es el grado de irresponsable abandono gubernamental, la criminal desidia pública que generó la situación, la tremenda catástrofe de Las Tejerías. El encofrado, el cauce de los ríos y caños que llevaban años atapuzados de basura y escombros, que ningún nivel de gobierno nunca recogió. Las viviendas que la indiferencia de un Estado sin ley toleró que se construyeran en las laderas de las montañas, horadando la tierra como un rastrillo.

Y, como dice el dicho: el agua siempre coge su curso. Y el ser humano solo puede inteligenciar, hacer firmes, acompañar para su control a las aguas en su correr, nada más.

¡Pero es que estos miserables han abandonado a todo el país! Han dejado por su cuenta los ríos, los caños y las cañadas que atraviesan las ciudades de montañas y de llanuras de toda Venezuela hace muchísimo tiempo. ¡Estos desgraciados no gobiernan, solo saquean nuestro país!

No hacen, no reparan, ni mucho menos mantienen para evitar estas y otras desgracias naturales, que siempre se pueden reducir. ¡La NARCODICTADURA solo sabe robar, asesinar y quitar!

Y no olvide usted que también lo dije: cuanta ayuda, de adentro o de fuera del país, les llegue a los sobrevivientes de Las Tejerías que pase por las manos de estos desgraciados, también se la van a robar.

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