CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Al pan pan y al vino vino

En estos tiempos que corren, y en cualquier rincón del mundo civilizado, insistir en continuar haciendo de la política un rincón para el misterio y para los arreglos secretos, es cada día menos posible. ¡Y, a mi juicio, hasta estúpido!

En esta era del E-Gobierno, de presupuestos públicos hechos a muchas manos y de la construcción de políticas públicas desde la internet por grupos superespecializados de presión y participación comunitaria comprometidos, la política tiene que ser otra.

En este mundo que se está abriendo a una era cada vez más transparente de lo público, da muchísima arrechera que todavía los mamarrachos de lado y lado de la política en Venezuela estén todo el tiempo jugando al entaparao con la gente.

Entiendo una parte de todo eso: el nefasto régimen que tiene bajo sus zapatos a Venezuela y a casi todos los venezolanos, le conviene que el país se mantenga en la edad de piedra.

Allá todavía, en lo salvaje del monte de lo político, es en donde se pretende mantener en condición de idiotas a buena parte de Venezuela. Por eso es que Blyde y sus amiguitos se dan el lujo de hipotecar la legitimidad de la presidencia del país en manos de un forajido como Nicolás Maduro. Y encima les da por alquilar la protesta de un pueblo destruido a pedazos sin que nadie, excepto el mismo régimen, los legitime y los use como interlocutores, para validar la pesadilla que significa aquella dictadura.

Entonces una mujer como María Corina Machado gana en elecciones internas limpias la representación de la oposición, y el régimen del colombiano Maduro y sus instituciones de cartón piedra a su servicio se la mean.

Y entonces, apuraitos, salen a buscarse a otro individuo, también entre medianoche y gallos, para hacerle el quite a María Corina. Y así no perder la oportunidad de enfrentar electoralmente a otro fulano que ya lleva en su haber, al menos, un par de fraudes electorales certificados con anterioridad.

Fraudes que Blyde y sus accionistas minoritarios de la Compañía Anónima “la Venezuela de los Buenos Negocios”, decidieron hacerse de la vista gorda.

¡Seguramente por el bien de todos nosotros! No, no, mis amigos; hay que decir las cosas como son: en blanco y negro. Sin maquillajes. ¡Déjense de vainas! Dejen a doña Delia Fiallo hacer las narrativas del chantaje emocional. Ni la Resistencia ni yo estamos en ese negocio. Decir la verdad no es hacerle el juego al régimen.

En Venezuela, entre enchufados y jalamecates, ya hay gente de sobra que está en esa onda y por mucha plata.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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