CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Al ritmo del merengue o la maldición dominicana

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

Sol, playas, bolichicos, enchufados, sinvergüenzas del régimen de Caracas y militares rojos-rojitos se revuelven AL RITMO DEL MERENGUE en la República Dominicana con el dinero saqueado en nuestro país y la complicidad más descarada del gobierno de la isla.

República Dominicana es el paraíso de la delincuencia política «Made in Venezuela», de buena parte del dinero sucio que sale de Venezuela. Allá existe impunidad total y garantizada para los negocios inmobiliarios de más de 20 pisos, las operaciones comerciales sin pies ni cabeza llevadas a cabo entre fulanos con acento de venezolanos recién vestidos. Así pues, todo ello hace de Dominicana una lavadora que limpia montones de dinero embarrado del NARCO-RÉGIMEN de Caracas.

Como dice Michel, «El Güenón»: “De Santo Domingo para el mundo”. La mitad de la Isla de la Española está llena de venezolanos enchufados; la otra mitad la conforman los venezolanos al borde de la miseria, que muchos de ellos hacen trabajos de limpieza y se aguantan la xenofobia de los millones de dominicanos rubios y de ojos azules que viven en ese país.

Y nadie comenta nada. Nadie dice nada. De lo que ocurre con los fondos sucios provenientes del chavismo y de los negocios que hacen las joyitas de la oposición que llegan a República Dominicana nadie se da por enterado. Y la verdad es que República Dominicana lleva añales sirviendo de basurero al dinero robado por la dictadura en Venezuela a los venezolanos, sin siquiera llamar la atención del resto del mundo.

Hablamos de un enorme albañal en el cual, si te conectas adecuadamente con los principales operadores del gobierno “democrático” en Santo Domingo, puedes hacer de todo. A precios “razonables” una parte de la miserable clase política que mantiene en la pobreza a todo ese país, abre puertas y engrasa los engranajes de la poderosa industria de lavar fondos, cuyo origen es la corrupción y el saqueo de nuestros recursos.

Así, una próspera industria de la construcción se está desarrollando con fondos sin tradición u origen conocidos, entre las calles de la capital y en los lugares turísticos. Dinero marcado, dinero de sangre que sale de la Venezuela hambrienta, dinero del cual nadie ni dice nada, ni se preocupa por detener su camino.

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