El Fogón de la Editora

ALERTA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Me juego fuertes contra lochas que detrás de los encuentros entre los funcionarios de la Casa Blanca con los asesinos del régimen de Caracas hay un gentío metido.

Es que tanto silencio, tanto entaparamiento de los “Guaidolovers”, y por tanto tiempo seguido, es muy sospechoso. Ya le conocemos la pista a los “angelitos” que, desde acá, desde Estados Unidos, le meten toneladas de presión a la actual administración norteamericana para reconciliarla con la dictadura de Venezuela.

Son los mismos que el año pasado nos cerraron el periódico y no han parado de utilizar sus plumas de pago para tratar de sacarnos del camino.

Se trata de la mafia de los muchachos bien vestidos, con base en América, que usan al Banco Interamericano de Desarrollo como garito, para “ayudar” a echar «palante» a Venezuela. La bandita de Ramón José, la cuerdita del suegro de Henry, el «Príncipe», y otro pocotón más, que tienen vuelta a Venezuela una serie negra de Netflix.

Todos ellos, y muchos otros más, operando desde Madrid, Ámsterdam y Nueva York montados en un solo propósito: recuperar las relaciones petroleras de Venezuela, con el gobierno norteamericano.

Porque las sanciones que aún existen sobre la NARCODICTADURA de Caracas son una piedra en el zapato, una molestia fastidiosa; como los millones de venezolanos que están dando vueltas por el mundo, o aquellos otros que están atrapados por la desgracia, dentro de nuestras fronteras.

La verdad es que todos estos facinerosos de ambos lados de la política nacional están a un tris de hacer el trueque del siglo XXI: cambiar nuestras libertades colectivas e individuales, secuestradas por el régimen ilegitimo de Caracas, a cambio de la “recuperación” de la infraestructura de producción y de negocios con el petróleo venezolano.

Quienes vivimos en América sabemos que el norteamericano de a pie no va a perder el sueño, ante la perspectiva de que bajen los precios de los combustibles que paga en las estaciones de servicio, por más que de ello dependan las libertades de muchísima gente, en un lejano país llamado Venezuela. ¡Acá la gente es muy práctica!

Todo esto hay que decirlo. No nos podemos dejar engañar, por más que traten de convencernos de lo contrario hasta la mismísima Casa Blanca. Tenemos la obligación de denunciar lo que están buscando hacer con todo un país, con toda nuestra gente. ¡No somos pendejos!

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