CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

América o el tango «Cambalache»

A los buenos amigos del Departamento de Estado de este Gran País: «el Patio de Atrás» no anda bien. El patio trasero de los Estados Unidos de América está hecho un verdadero desastre. Y ya es hora de salir a recoger el reguero.

Argentina está patas «parriba», el propio tango «Cambalache» de Enrique Santos. Aquello parece una Venezuela grandota; con pingüinos, pampas y una clase política gobernante corrupta e inepta como la venezolana. Argentina continúa pegada en la mamadera de gallo de hacer creer al mundo que su gobierno es de izquierda. No importa que el pueblo está partido en dos por culpa de la inflación, la devaluación del peso y el desempleo. Lo cierto es que solo un puñado de pillos viven como reyes, mientras las enormes mayorías están pasándola fatal.

De Brasil, ¡ni hablar! La gobernabilidad de Lula pasa por los insultos cada vez más frecuentes de su propio pueblo, que lo desprecia por bandido y por ser compinche de los dictadores vecinos que también son bandidos. A ritmo de samba, la gente no para de gritarle que es un preso y que su verdadero apellido es candado.

Con la visita del colombiano Nicolás Maduro a Brasilia, seguramente permitida por la generosidad de ustedes en dejar salir a pasear a uno de los “Más Buscados” por los tribunales de este país, se hizo evidente el asco que mayoritariamente el pueblo brasileño siente por su actual gobernante.

Porque, mis buenos amigos, eso es un grave error: a los latinoamericanos no nos gusta que nos gobiernen ni pillos, ni maleantes. No se crean todo lo que miran en las series de matones de Netflix. Los hombres y las mujeres de esta parte del mundo soñamos con llegar a construir sociedades como la norteamericana. Sociedades en su mejor momento, donde los poderes públicos sean realmente independientes, se respeten; exista justicia social y las personas puedan hacer cuentas para su futuro.

Pero continúo: Mister Blinken si hablamos de Venezuela, la gata se montó en la batea. Las interminables negociaciones entre el régimen ilegal que lleva años pegado al poder en nuestro país y los factores de una oposición de mentiras nunca han negociado otra cosa que no sea solo privilegios para grupos muy pequeños de la realidad venezolana.

El régimen de Caracas les ha canjeado a ustedes mismos narcotraficantes juzgados por su sistema de justicia, a cambio de nada que valga la pena para las grandes mayorías atrapadas en la miseria y en la pobreza dentro de Venezuela.

Sin embargo, sorprendentemente, su administración federal ha autorizado la explotación comercial del petróleo venezolano a empresas como Chevron, Halliburton, Schlumberger y Baker Hughes, entre otros colosos de los servicios petroleros norteamericanos. Está claro que el objetivo consiste en recuperar y aumentar la producción de hidrocarburos de Venezuela. Con el procedimiento que ustedes conocen perfectamente: los embarques de petróleo, gas o coque venezolanos son rematados por el régimen a precios de cosas robadas, en efectivo, y sin control alguno. No hay que ser un experto en geopolítica, todos podemos llegar a la misma conclusión: el régimen de Nicolás Maduro, gracias a la enorme colaboración prestada por la administración norteamericana Biden/Harris, se mantiene en pie.

Si miramos a Colombia, tampoco a ustedes parece preocuparles mucho que el vandalismo del M-19 se haya instalado en la Casa de Nariño, con todo y sus viejas mañas. Una VICIOCRACIA, cuya cabeza es Gustavo Petro, que opera como vaso comunicante entre el régimen de su paisano y vecino Nicolás Maduro con los carteles de la droga de ambos países, a la vista de cualquiera que quiera ver.

Si damos por buenas las declaraciones del exembajador colombiano en Caracas, el Sr. Benedetti, quien tuvo la amabilidad de dejar antes de irse a Turquía las direcciones postales, los teléfonos de contacto y las páginas de Facebook de todos los Varones de la Droga para los cuales trabajan bilateralmente tanto Petro como Maduro, no podría existir ninguna duda de lo que estoy afirmando.

Y, si continuamos subiendo hacia el norte del continente, nos topamos con la vergüenza hemisférica que significa el intenso tráfico humano que circula a través del Tapón del Darién. Otro fracaso más de la política exterior de la Norteamérica actual, que insiste en no asumir sus responsabilidades para con la América Latina: la de ser un hermano mayor que ha debido impulsar el Plan Marshall para el continente.

Porque, si del río Grande hasta el sur del continente todo es “amor es amor”; si todo está tan bien en el patio trasero de los Estados Unidos de América ¿por qué no se detiene, por qué no cesa la imparable corriente de miseria humana que se arrastra por Centroamérica, para terminar muchas veces olvidada en los campamentos de emigrantes, en esos depósitos de seres humanos sin esperanza que existen en Honduras y México? Todo indica que “algo” no está funcionando, Mister Blinken. ¡Algo anda mal!

Porque resulta un sin sentido que los adversarios que este Gran País tiene en el conflicto de Ucrania, sean en Venezuela una especie de socios complementarios de Norteamérica en ese rincón del mundo. Que las grandes corporaciones americanas no tengan ningún inconveniente en compartir y repartirse los despojos del territorio venezolano con los rusos, los chinos, los iraníes o los cubanos; mientras que América suministra armas y apoyos logísticos y políticos a los ucranianos que luchan en contra de las mismas potencias que mantienen bajo secuestro a Venezuela. ¡Esto pareciera un caso psiquiátrico! ¿No lo cree usted? O que el gobierno de Gustavo Petro en Colombia, donde Norteamérica cuenta con una importante presencia militar, cada día se desliza más hacia la trayectoria política y delincuencial del régimen venezolano.

No creo equivocarme: mientras ustedes continúen apoyando negociaciones que funcionan solo para los intereses de unos pocos maleantes, o elecciones libres que no tienen ni pies ni cabeza dentro de una feroz dictadura, nada de lo malo que ocurre en Venezuela va a dejar de pasar. Y el régimen de Venezuela, junto con sus aliados extracontinentales, continuará siendo un foco de contaminación y de perturbación para todo el patio de atrás de los Estados Unidos de Norteamérica. Total, el gobierno es para gobernar, Mister Blinken. Ojalá la actual administración federal norteamericana no haya olvidado esa máxima.

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