El Fogón de la Editora

ATAJO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

El daño que estos muérganos del régimen de Caracas han realizado a todas las instituciones en Venezuela es algo nunca antes visto. Peor que una invasión de bachacos, Chávez y sus maleantes extinguieron todo vestigio de autonomía de los poderes públicos y se tragaron la democracia en nuestro país.

De los cuentos de los militares de la Plaza Altamira hasta las veces que les dio por cambiar el número de magistrados para el TSJ, solo dejaron cascarones vacíos. Luego de este desastre nacional, quienes quedan en estas instituciones son solo delincuentes baratos, individuos entregados en cuerpo y alma a las órdenes de la dictadura de Miraflores.

En Venezuela no tenemos un ministro de la defensa. En Venezuela solo existe un badulaque que aparece fotografiado echado a las rodillas de Fidel Castro que, a su vez, es quien lidera un cartel de tráfico de drogas. Lo mismo ocurre con los rectores del CNE o el contralor general de la república o el fiscal general, que no son otra cosa que mandaderos al servicio del régimen de Caracas.

Para que nos entendamos: con unas fuerzas armadas dedicadas al tráfico de drogas por encargo de Maduro, Diosdado Cabello y Padrino López no se puede intentar hacer algo bueno para salvar al país.

Chávez, junto con todo su malandraje de ladrones, primero desmanteló las instituciones del país. Aprovechando la bonanza de precios del petróleo, así como una profunda crisis del Estado venezolano de finales del siglo XX, sedujeron y engolosinaron a la oposición venezolana por más de dos décadas con plata robada, negocios multimillonarios, dólares de CADIVI y mucho cuento de camino.

Por eso es que, ahora, no podemos pretender que las conchas vacías de las antiguas instituciones democráticas del país hagan su trabajo. Porque en Venezuela ni ya quedan instituciones que funcionen ni tampoco queda democracia.

No nos podemos comparar con la capacidad de respuesta institucional de los peruanos, que en un abrir y cerrar de ojos, meten a Pedro Castillo por el aro. En Venezuela una clase política muy barata vendió al país a pedazos. Es por eso es que no queda espacio, no existe margen alguno en este momento, para aplicar soluciones de naturaleza democrática que recuperen nuestras libertades robadas.

Esas puertas, como tienen muchos otros países, nosotros las tenemos cerradas; a Venezuela le toca abrir una ventana.

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