CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Atención socialcristianos

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

El COPEY que preside Roberto Enríquez cada vez se parece más al PSUV de Diosdado Cabello. A pesar de que solo es apenas una franquicia vacía entre sus manos, Enríquez cree contar con una militancia de las de antes, con la antigua disciplina y una línea de acción diferente a la que el régimen de Nicolás Maduro les ha ordenado que lleven.

Con lo que realmente cuenta el COPEY de Roberto Enríquez, es con la necesidad muy puntual que tiene la dictadura de Caracas en utilizar a todos los viejos partidos del antiguo estatus político venezolano, solo con fines cosméticos. Ellos, junto con los nuevos partidos, solo sirven para validar procesos electorales amañados, que hagan de telón internacional al régimen.

Aun cuando Enríquez pasó una larga temporada bajo la protección de la Embajada de Chile en Caracas, seguramente se contagió con el Síndrome de Estocolmo. Sus perseguidores o lo convencieron o le pagaron, para repetir como un loro las mismas estupideces sobre elecciones libres y convivencia política con la dictadura.

Parece que nadie le ha dicho a este falso socialcristiano que Maduro es colombiano. Que Maduro usurpa el cargo de presidente legítimo de Venezuela. Que lo que dice ser un gobierno, en nuestro país no es otra cosa que un pasticho de bandas dedicadas a la delincuencia política, al narcotráfico y al saqueo de los recursos naturales de todos los venezolanos. Que el territorio nacional está totalmente controlado por fuerzas regulares e irregulares cubanas y extracontinentales, que garantizan la permanencia y el modus vivendi del régimen y de sus secuaces. Que allá, en Venezuela, no se hacen nunca, ni por asomo, elecciones ni libres, ni muchísimo menos limpias.

Yo creo que en el momento actual, y de cara al enorme desprestigio y complicidad con el régimen, los partidos políticos, nuevos o viejos, tienen una deuda de honor con todo el pueblo venezolano. Dedíquense más bien a rescatar la organización del país. No para inventarse marchas, ni caminatas, ni templetes; sino para empujar la caída del régimen, para tumbarlo. No para jugarle el juego a Miraflores con sus parapetos de democracia falsa, sino para acabar con ellos.

Si esa verdadera y única necesidad tampoco puede ser ni comprendida ni llevada a cabo por los viejos cascarones del pasado político venezolano, entonces que se aparten y dejen de joder. ¡Calladitos se ven más bonitos!

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