Opinión

Candidato a la Presidencia

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

Tres conceptos son la clave que debe prevalecer en la persona que gobierna un país: formación, educación y preparación, cuyos términos no tienen el mismo significado, pero están relacionados, pues son valores que le dan forma a la persona que los posee.

Si ese individuo carece de estas cualidades que definen su nivel de cultura, lo más seguro es que por ello promueva irracionalmente la quiebra del país y la degradación de su sistema educativo. El derrumbe de la educación venezolana, en todos sus niveles, tiene vinculación con este hecho. El primer grave error de muchos venezolanos fue haber redactado y aprobado una constitución en la que no se destacó este aspecto trascendental para su desarrollo y su futuro. La ruina de las leyes y normas es una clara señal de lo frágil que está la educación, la estabilidad política y social de los venezolanos las cuales constituyen los valores más altos de una sociedad democrática.

Es insólito que en la Constitución de 1999 afirme que sólo se requiere para ser elegido Presidente (a) de la República “ser venezolano(a)…por nacimiento…mayor de treinta años, de estado seglar y no estar sometido (a) a condena mediante sentencia definitivamente firme”. No importa que el candidato sea una analfabeta funcional, sin formación ni valores, sin cultura ni que haya leído jamás una novela, un poema, un cuento, un ensayo, un texto científico, aunque sea de autores venezolanos, que no tenga profesión alguna, que no posea conocimientos de economía ni menos destreza para negociar, que carezca de liderazgo, sin capacidad para perdonar ni reconocer sus errores, sin visión de futuro, impasible ante la tragedia y el sufrimiento de su pueblo que padece desnutrición y muere de hambre, que seis millones de ciudadanos en éxodo hayan abandonado su país en contra de su voluntad para huir de la miseria que corroe sus almas y sus cuerpos y la de sus parientes, no darle importancia a los ciudadanos de la tercera edad que viven con 30 $ al mes, y hace quince días atrás 1.5 $, sin poder cubrir sus gastos de alimentación, ni medicina, que los obliga a vivir de mengua, inmovilizados por la tristeza y el desconsuelo y muchos de ellos ya han muerto, a pesar de haber consumido su juventud por el país, que carezca de la nobleza y el poder de seducción que tuvieron grandes maestros como Nelson Mandela, que estuvo en prisión durante 27 años y nunca perdió la pureza de su alma ni la comunión con su pueblo y Mahatma Gandhi que fue un ser humano ejemplar, que prefirió andar en guayuco junto a una chiva que le proporcionaba su leche para alimentarlo, que nunca estuvo protegido por escoltas porque entendió que la muerte llega en el momento menos pensado y no tenía nada que ocultar a su gente, que todas las instalaciones del sistema educativo estén destruidas por el robo de delincuentes y la desidia de las autoridades gubernamentales y esto sea normal, que la Constitución sólo tiene valor cuando llaman a elecciones, cuando tocan sus intereses, cuando impone su ideología, cuando se siente acorralado por el pánico porque el poder es temporal, nada es estable, todo puede cambiar en un segundo.

Sin ánimo de irrespetar la Biblia, texto sagrado de los cristianos, y si los cristianos lo creen así, por la comparación que voy a hacer, le doy mis disculpas, pero creo que la Constitución de una nación es tan sagrada como la Biblia. Una Constitución rige la vida de un país. Es un plan para que una nación marche bien. En ella se detallan todos los aspectos trascendentales de la convivencia democrática, si este es el modo de vida de esa sociedad, pero si se elabora como un traje a la medida del autoritarismo, a conveniencia de una ideología política, la situación cambia. Si los políticos comienzan a modificarla creando una chorrera de leyes, normas y reglamentos ya deja de ser un proyecto para el buen funcionamiento del país y pasa a ser opresión, tiranía. No puede ser que el Estado concentre todos los poderes, los cuales deben estar descentralizados, con la participación activa de los ciudadanos. Las instituciones tienen que ser independientes y no controladas por el partido que gobierna. En ningún país democrático del mundo la educación puede ser controlada ideológicamente por los políticos de turno ni suprimir la autonomía de las universidades. Los docentes del sistema educativo venezolano no queremos migajas, queremos educar con sueldos justos que valoren la alta responsabilidad que tenemos con nuestro país. Todo esto está señalado en la Constitución.

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