CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Carne de cañón

Parece que los candidatos a la trampa electoral del 28 de julio en Venezuela no le están prestando ninguna atención el enredo de venganzas, ojos por ojos y viejas rencillas que cada vez aumentan de tamaño entre el estado de Israel e Irán.

Aparte de los insípidos saludos a la bandera que alguno de los candidatos le han hecho saber a Israel, ninguno parece estar ni pendiente ni mucho menos claro sobre la existencia y la macabra importancia de la nueva marioneta en el teatrino de la geopolítica del mal iraní: la presencia peligrosísima de esa gente en la Venezuela de Nicolás Maduro y Cía.

Muy poco comentan de como los ayatolas manipulan los hilos del poder, los ataques terroristas, las agresiones y los bombardeos sobre el territorio del Estado Judío desde los territorios de aquellos países controlados por Irán. Satélites del odio y del mal, como son Yemen, Siria, Qatar, Etiopia, Líbano y la Gaza Palestina se prestan para llevar a cabo cualquier diablura que se le pueda ocurrir a Teherán.

Pero nadie, ninguno de esos avispaos de la oposición de Venezuela siempre electoral es capaz de ver más allá del negocio que representa para sus bolsillos el guiso del 28 de julio.

Nadie, ninguno de ellos le está echando cabeza al hecho cierto de que la Venezuela de hoy en día es otra neocolonia del fundamentalismo islámico, cortesía de la revolución/traición bolivariana del siglo XXI.

Lo cual ha conseguido establecer una nueva y privilegiada plataforma estratégica del régimen de Irán en el mar Caribe; a cuatro cuadras de los Estados Unidos de Norteamérica. Así pues, es el caso que el Departamento de Estado de Estados Unidos, ni mucho menos la NARCODICTADURA en Venezuela, parece desear mencionar en voz alta la peligrosísima condición de lo que significa la tremenda penetración iraní en Venezuela.

Todo indica que ambos gobiernos prefieren jugar al avestruz y no pensar en un potencial involucramiento de los mamarrachos del siglo XXI en un posible, y no descabellado, episodio de violencia montado desde el territorio venezolano.

Total: otra vez estamos envueltos en el cuento del emperador que se paseaba desnudo por las calles sin darse por entendido… hasta que un niño lo señaló.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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