CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Cese a la ocupación y gobierno de transición

El venezolano de 2023 ya no está en la política. El venezolano de 2023 está en la sobrevivencia. Y, en la sobrevivencia, pero con las cuentas bien claritas. Este nuevo venezolano sabe, está convencido, que nada de lo que necesita para echar «palante» a su familia le va a caer solo del cielo, ni de las misiones del régimen, ni tampoco de las promesas de ningún candidato de la oposición de las primarias, ni de las presidenciales, ni las de la reina del carnaval.

El venezolano, con el paso de tantos engaños, marchas, tarimas y soluciones mágicas, ha desarrollado un agudo olfato. Una especie de sentido del náufrago que sabe que solo cuenta con una caja de fósforos. El venezolano sabe perfectamente que todo lo demás que necesite solo lo puede lograr a punta de lucha y dólares.

Esta Venezuela arruinada por el régimen y sus compinches tras casi 25 años de saqueo inteligenciado del país ya no cree ni en nada ni mucho menos en nadie que huela a política. No es apatía, o arrechera a los políticos como aquella que se explotó en los años 90 del siglo pasado. Ya no hace falta una “Por estas Calles” para pensar mal de la dirigencia; ya simplemente la gente ni piensa en ella.

Porque ahora, en estos tiempos que corren, el liderazgo no lo encarna un individuo que todo lo puede, que todo lo sabe, que todo dice a cambio de un pueblo dócil y creído que le firme un cheque en blanco. Esta Venezuela desaguada no necita ni quiere un superhombre o una supermujer que “arregle esto”, como decía Luis Herrera en los años 80. La Venezuela de 2023 exige la disponibilidad masiva y democrática de todos los medios posibles que le permitan al venezolano insertarse en la cadena de producción y servicios para hacer dinero y resolver cada quien sus necesidades, eso sí: aspirando a que exista una estricta justicia en el reparto de las oportunidades para progresar.

Chávez y Maduro liquidaron al estado benefactor venezolano que se apalancó con la renta petrolera. Estos dos rufianes, entre crisis sin fin y enchufados de lado y lado, destruyeron al estado que tuvo Venezuela por más de 100 años.

Ahora, para nosotros en la Resistencia, el reto consiste en otra cosa. No estamos en la idea de buscar salvadores de la patria. Con Chávez y sus cuentos se nos quitaron las ganas de más experimentos. ¡Qué podría quedar del mamarracho del “Superbigotes”!

Para la Resistencia primero es superar el “accidente histórico” de Chávez, el chavismo, Maduro y su oposición comprada a la medida. Después, pero más rápido de lo que espabila un loco, relanzar un nuevo estado venezolano que se parezca más al venezolano que ha sobrevivido a todo “esto”, que al estado que una vez tuvimos. Convenir en un estado distinto, a través de una propuesta de gobierno que establezca metas sociales, económicas y estructurales posibles, creíbles, completamente medibles y a tono con los tiempos y las nuevas tecnologías.

Pero por encima de cualquier premisa: que se parezca al venezolano de verdad-verdad, no a aquel que dejamos atrás o a aquel que se fue del país para buscar una vida mejor. La creación y puesta en marcha de un gobierno venezolano de amplio espectro, primero en el exilio y luego con base territorial, tiene que ser el instrumento, la herramienta, de un país que se tiene que lamer sus heridas, pero que igualmente debe garantizar las condiciones de arranque para que su gente prospere y pueda aspirar a encontrar su felicidad.

Por eso, ¡Dios, Venezuela libre y Cese de la Ocupación!

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