El Fogón de la Editora

CIFRAS DE HORROR

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

En la Era de la Rehabilitación del general Gómez se acuñó un siniestro eslogan de gobierno que pretendía exaltar el tiempo de progreso material que atravesaba el país: «Unión, Paz y Trabajo».

Sus encarnizados adversarios, desde el tío abuelo de María Corina, Gustavo Machado, fundador del Partido Comunista de Venezuela, José Rafael Pocaterra, Rómulo Betancourt y el país pisoteado por aquella dictadura salvaje hacía burla de la frase… pero siempre entre murmullos.

La gente componía la “cosa”. Decían: «Unión entre los presos políticos metidos en La Rotunda o pudriéndose en las bóvedas infernales de los castillos coloniales, Paz en los cementerios y Trabajo con grillos pegados a los tobillos a bolas de 40 libras echando pico y pala en la Transandina.

Así anda Venezuela hoy, 100 años después. El régimen mantiene en miseria permanente al venezolano. A cuentagotas lo extingue con hambre, salarios en bolívares y todos los servicios en ruinas. Repite miserablemente mentiras sobre unas ventajas y bondades que ofrece una supuesta revolución que lleva en el poder casi tantos años como los que gobernó El Benemérito, pero sin nada que mostrar ni al país ni al mundo. ¡Solo atraso por nada a cambio!

Yo, que soy primero educadora y después periodista, me es imposible no sufrir con los números que devela la Federación de Maestros Venezolana. El salario de un educador venezolano promedia los 21,57 dólares mensuales. Y, con ese ingreso, un maestro en Venezuela solo cubre el 4,1% de la Canasta Básica Nacional.

Eso explica, sin necesidad alguna de usar ni pizarrón ni tiza, que en el año que acaba de terminar más de 500 mil venezolanos se vieron obligados a atravesar el tapón del Darién con destino a los Estados Unidos de Norteamérica. Lo mismo, que ya es tristemente común: que la Guardia Costera de las Antillas Neerlandesas intercepte chalanas atestadas de venezolanos que huyen hacia Curazao desde Falcón.

Si lo que ocurre en la Venezuela de 2024 no se reconoce mundialmente como una horrenda crisis humanitaria, producto de este genocidio “Hecho en Revolución”, es que el mundo no se toma este desastre ni un poquito en serio.

En Venezuela no queda nada por explicar, todo lo que ocurre allá se puede comprender. El que entendió- entendió, como dice mi hermano Pablo. Si el mundo no quiere comprender lo que le está ocurriendo a un país inmensamente rico en recursos naturales, con una nación empobrecida y depauperada a niveles de principios del siglo XX, es porque es cómplice de quienes están matando a nuestro pueblo.

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