CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Claro que el Esequibo es nuestro

En menos de 24 horas un dictador y asesino, experto en guerra sucia, sádico y ladrón paso de ser la cabeza visible de más de seis años de muertes, miseria, fracasos y éxodo humano en la Argentina, para convertirse en un patriota reconocido y amado por su pueblo. Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó, entre gallos y madrugada, el desembarco y la toma de las Islas Malvinas en el Atlántico Norte por parte de las fuerzas armadas de Argentina en 1982.

Las Malvinas, un archipiélago también arrebatado por el Imperio Británico a ese país en el siglo XIX, formó parte por décadas de la doctrina inglesa de establecer control sobre los grandes pasos interoceánicos y fluviales. De esa manera, pensaban ellos, se aseguraban el dominio por parte de su imponente flota de guerra sobre los mares y los grandes ríos del planeta. Para los ingleses, por más de dos siglos, eso significó el camino seguro y garantizado para llevar a cabo su “libre” comercio mundial.

Suez, Gibraltar, Ciudad del Cabo, las Malvinas y el Esequibo, que cubre las bocas del Orinoco y cierra el acceso al Mar Caribe junto con Trinidad y Tobago, fueron a lo largo de varios siglos las cuñas territoriales clave de la expansión y control de los mares por parte del Imperio Británico.

Todo robado. Todo saqueado. Todo arrebatado a la cañonera, por quienes llegaron a construir el imperio más extenso nunca antes visto. Lo que pasa es que en 1982 el gobierno que tenía Argentina era una tenebrosa y salvaje dictadura. Presidida por una junta militar siniestra y asesina, el general Galtieri era el máximo objeto del repudio nacional y continental por todo el horror que él y los suyos le habían propinado a ese país.

A lo largo de más de seis años ininterrumpidos de gobiernos militares, cada uno más corrupto e inepto que el anterior, los militares argentinos habían tenido tiempo suficiente para demostrar una total y completa incompetencia para el manejo de cualquier asunto de naturaleza pública, una elevadísima corrupción y un total y completo desprecio por la vida humana. Con miles de desaparecidos, destrucción de la economía y una migración despavorida tanto por razones políticas como por razones económicas Argentina estaba hecha trizas.

¡Cualquier parecido con la Venezuela roja-rojita no es casualidad!

Así, en el punto más bajo de la dictadura y en el más alto del desprecio y el odio popular hacia Galtieri, en abril del 82 las fuerzas armadas argentinas desembarcan y toman las Islas Malvinas; reivindicando el derecho de ese país a recuperar su propio territorio, robado por los ingleses en 1833.

Los movimientos de protesta que exigían saber el paradero de cientos de miles de argentinos víctimas de desapariciones de estado, como las Madres de Mayo, por ejemplo, se vieron en un santiamén reemplazados por un inmenso e ingenuo país emborrachado por el fervor patriotero. Argentina, hasta la noche anterior aterrorizada y destrozada por sus militares, salió como un solo hombre a sumarse a la bravata calculada de un puñado de asesinos que conocían perfectamente en qué podía terminar todo aquello.

El país completo amaneció amnésico tras las noticias del desembarco de las tropas en el archipiélago. Unos pocos meses, poquísimos, duró el encanto, la luna de miel entre aquellas bestias feroces que tenían pisada a Argentina y el pueblo que se dejó intoxicar con el patrioterismo de un instante de manipulación calculada.

Por eso, cualquier coincidencia con lo que estos rufianes quieran y se atrevan a llevar a cabo en Venezuela, ni es casual ni nos puede coger por sorpresa.

Ninguno de los farsantes que controlan el poder en Venezuela ni quieren, ni defienden los intereses, ni están comprometidos ni con los venezolanos ni con nada que sea decente y bueno para nuestro país.

Pónganlo como lo pongan, empaquétenlo como lo empaqueten. ¿Si han rifado a todo un país, a todo el territorio nacional completico, ahora van a salir con actos de reavivación de 160 mil kilómetros cuadrados que nos pertenecen históricamente? ¿Son irrenunciablemente parte de Venezuela desde la Era Colonial, solo por las fanfarronadas de unos truhánes y vendepatrias de oficio? Canallas sin escrúpulos de ningún tipo que solo buscan distraer la atención sobre el horror y el desastre en que tienen sumergida a nuestra pobre gente.

¿Dónde dejan, entonces, Maduro y sus pandillas, a los chinos, a los rusos, a los iraníes, a la Chevron y a la ExxonMobil? Déjense de vainas: ¡esa sí que es nueva!

De todos ellos es importante recordarlo, debemos esperar siempre, pero siempre, lo peor.

Por eso: ¡Dios, Venezuela Libre y Cese de la Ocupación!

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