CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Comer como Dios manda

¡No, que va mis amigos! ¡Venezuela ahora es que está en las calles! El venezolano de a pie cada vez está más claro que nunca: primarias o referéndums serán para luego, para después del Gobierno de Emergencia Nacional.

Porque lo primero son los sueldos y pensiones en dólares indexados en el tiempo, para todos los jubilados y trabajadores del país. Después podemos empezar a hablar de otras cosas. Recuperación de la electricidad en los hogares, combustibles, gas para cocinar, agua en las tuberías y militares y policías que no sigan chupándole la sangre a la gente a punta de matraqueo en las alcabalas. Eso es lo primero. Para que la gente, primero, pueda volver a vivir. Así, ¡sencillito!

La carreta, Venezuela, tiene que estar en su puesto correcto; y delante de ella los caballos para jalarla. La toma de la Gobernación del Estado Anzoátegui por trabajadores activos y jubilados del Oriente de nuestro país, exigiendo la dolarización e indexación de los salarios y las pensiones, ni por el carajo aparece en las pantallas de Globovisión o de los demás canales de televisión enchufados al régimen de Caracas.

Señores ya empieza la sabana venezolana a coger el fuego de la arrechera popular, y ni los medios, ni la oposición política del régimen dicen ni pío. No les conviene. No les gusta. No les parece. Los pillos tienen su propia agenda: ¡mantener bien jodida a Venezuela y a todos sus venezolanos!

El venezolano no se puede dejar extinguir mientras la oposición se gasta sus buenas mochilas de dólares en elecciones primarias. O el régimen, con la plata robada a todo el país a punta de tanqueros que se llevan el crudo y el gas del subsuelo nacional, use lo que no es suyo para financiar referéndums de pacotilla como el del 3 de diciembre. Payasadas electorales que solo sirven, que únicamente tienen como utilidad, dejar bien en claro quiénes son los que cuentan e inventan los votos, la participación y los resultados de toda votación que se lleve a cabo en Venezuela.

El país no puede continuar parado, suspendido en la mala hora del tiempo en que finalmente el régimen se deje ganar cualquiera de las tantas elecciones que ha trucado.

No puede ser que el país esté parado, a la espera de que le gane las elecciones democráticas Rosales al difunto, o Capriles y ahora María Corina para que el venezolano vuelva a tener navidades con hallacas, estrenos y libertad.

Todos, de este lado, nos estamos haciendo viejos en la espera de lo que nunca llega, mientras Diosdado, Maduro, Cilia, Padrino y el resto de sus rufianes viven como Alí Babá y sus ladrones.

Venezuela no puede, no debe, no tiene y no le debe dar la gana de seguir esperando que la rana tenga pelos, para que el venezolano readquiera su viejo estándar de vida y pueda comer tres veces al día como Dios manda. Sus hijos regresen al país, los muchachos a las escuelas, las muchachas a la playa y la gente pueda finalmente prosperar.

Es que todos estos grandísimos coños no pueden aspirar ni por mucho pretender mantener al país en calma, cuando al venezolano lo están extinguiendo.

En Venezuela hay una y solo una: calle, protesta por una vida mejor y empuje con mucha fuerza desde afuera y desde adentro. ¡Más nada!

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