CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Como si nada

El tener acceso y el poder comprar insumos médicos para el sector de la salud pública en Venezuela nunca estuvo restringido por la batería de sanciones impuestas por la Oficina Oval de Donald Trump al régimen de Caracas. De ser así, el sistema privado de la salud en nuestro país también habría colapsado por falta de equipos, repuestos y remedios.

Aún sin dólares preferenciales, tan buenos para hacer todos los guisos del mundo, la medicina de pago en Venezuela sigue funcionando igual que antes; solo que imposible de costear para cualquier venezolano de a pie que no tenga un buen HCM o un cajón de divisas para salvar su vida o la de algún familiar.

Lo mismo sucede con la importación de camionetas súper costosas, carros de lujo y todas las chucherías caras que se pueden permitir solo quienes tienen buen dinero o son ladrones de los bienes de toda una nación.

En Venezuela hace rato que está sucediendo lo mismo que ocurre en las sombrías dictaduras de Cuba o de Corea del Norte. Solo una muy pequeña parte de quienes viven en estos países tienen, compran y disfrutan de-todo, mientras que las grandes mayorías se las tienen que ingeniar para sobrevivir con muy poco o sencillamente huir.

La verdad es que, a la luz de todo lo que uno ve en Venezuela, no queda absolutamente nada de todo aquello que diseñó el gobierno de Donald Trump para ablandar a la dictadura que encabeza Nicolás Maduro.

Lo que resta es centimetraje para la propaganda afiebrada de un régimen inepto y cleptómano, incapaz de dar la menor respuesta de tipo público a cualquier necesidad del país, que no sea otra patraña electoral para continuar en el poder.

La épica del régimen venezolano es una película mal contada que ya nadie se cree. De no ser así, no habría docenas de tanqueros petroleros fondeando en nuestros terminales de embarque, cargando petróleo robado por estos maleantes a todos los venezolanos, saliendo del país sin control ni registro alguno. De hecho la petrolera norteamericana Chevron se mantuvo activa del país, nunca se retiró. Ali Mochiri, expresidente de Chevron para África y América Latina, es ciudadano estadounidense de origen iraní, y Javier De La Rosa, presidente de Chevron Venezuela es de nacionalidad peruana. Se comenta que ambos son cabilderos de la Casa Blanca, ejecutivos con formación académica y promovieron el acercamiento y venida de comisiones de alto nivel a Venezuela. Asimismo, ellos han sido acompañantes y consejeros de esas delegaciones.

Del mismo modo llegarían a Puerto Cabello barcos mercantes cargados con cajas y cajones procedentes de América y del resto del mundo, para ser despachados finalmente en cualquier estado de la república por la mismísima empresa de logística de las fuerzas armadas bolivarianas.

Venezuela es un secreto a voces: allá el régimen pisotea los derechos humanos, se coge lo que quiere, lo reparte con sus enchufados y con la misma oposición a plena luz del día, de frente y en la cara de los grandes poderes del hemisferio occidental, COMO SI NADA.

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