CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Con las cuentas bien claras

Una generación de muchachos espantados por el terror de estado ha huido de Venezuela desde 2014. Varias generaciones de adultos y mayores remataron a precios de ganga el patrimonio familiar de toda una vida de trabajo, con eso llegaron adonde llegaron con algo de dinero para volver a empezar desde cero otra vez.

Una generación de niños venezolanos ya no conoce de patines, de patinetas, gurrufíos y papagayos, pues están regados entre miles de escuelas del mundo, donde reciben generosamente enseñanza, pero ya no es venezolana.

Varias generaciones más, envueltas en tierras y fangos de mil caminos, han atravesado el Tapón del Darién y los páramos de la Cordillera de los Andes por las cientos de veredas clandestinas del mundo de la Internet, con tal de salir de Venezuela. Con tal de escapar de la miseria como política de estado y de la negación de futuro para las grandes mayorías como acción del régimen.

Y todos ellos son apenas una parte, una pequeña porción de Venezuela. Esos son casi 8 millones de mujeres, hombres, niños y ancianos aterrorizados, o robados, o torturados por un régimen de asesinos con el sello de Chávez y de Nicolás Maduro a lo largo de casi 25 años de pillaje.

Por eso: por todos ellos, por todos aquellos venezolanos que ya no están y por el resto de la Venezuela que aún continúa dentro del país, NO se puede hablar, ni puede haber ningún tipo de borrón ni de cuenta nueva alguna con el régimen de Caracas.

¡Todos ellos, todos aquellos que tienen las manos manchadas de Venezuela y de venezolanos tienen que pagar! Allá, en Venezuela, nadie que esté untado de tanto daño que le han hecho a tantos puede pasar agachado.

Ni Carlos Alberto Rotondaro, ni Tarek William Saab, ni Tareck El Aissami, ni Rafael Ramírez, ni Clíver Alcalá, ni Diosdado, ni Padrino, ni Maduro y pare usted de contar.

Yo soy político y conozco de política. Y tengo claro que, al peor de los criminales, hay que dejarle una ventana, una rendija abierta para que se pueda negociar con él; nadie sin alicientes, sin ningún tipo de estímulo final, deja de hacer lo que está haciendo. ¡Estoy claro! Pero con horizontes, con límites medidos.

El régimen, que tiene atrapada a Venezuela y a los venezolanos, el régimen que tanto ha saqueado, robado, destruido y exterminado no puede reinventarse con las facilidades y las “normalizaciones” que le brinda CHEVRON; como si el país fuera un UBER o un LIFT que te lleva y te trae a cualquier lado y luego te olvidas de la cara del chofer.

Con los potentes distractores y engaños que Miraflores y los cubanos insisten en montar como elecciones primarias y ferias electorales no se puede pensar realmente que exista una salida por las buenas y por medio de los votos en nuestro país. Al régimen, Blyde y los suyos lo han dejado muy cómodo, muy por su cuenta, muy supuestamente como si fuera un país normal. Y nada de eso es cierto. Allá no hay ninguna normalidad. En Venezuela lo que existe es una dictadura disfrazada de democracia, que unos pocos se creen y otros tratan, como sea, de convencer al mundo y a los venezolanos que es de verdad.

Para la Resistencia seria, muy por el contrario, cada vez vemos más y más cerca el día de la rendición de cuentas, y en eso estamos. Por eso: ¡Dios, Venezuela libre y Cese de la Ocupación!

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