CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Consejo sano

Llevo tiempo preocupando a un buen amigo. Y como es mi amigo, me envía un consejo. Le molesta mi vocabulario, no le gustan los términos que empleo en nuestros Criterios, para señalar a los forajidos-cómplices que han arruinado al país. Le angustia, y me reclama, que meta en el mismo saco de gatos a la cúpula colaboracionista de la oposición venezolana con el régimen. Que me exprese, sin hacer distingo ni diferencia, cuando me refiero al grupito de bastardos que no merecen el gentilicio venezolano, pero que llevan más de dos décadas jugando cerrado con el régimen y haciéndose multimillonarios con los dineros y los recursos que le roban al país.

Para mi amigo, y seguramente también para millones de venezolanos de buena fe, personajes como Henry Ramos, Rosales, María Corina, Falcón y docenas más son bichos, parásitos de una política basada en acuerdos, arreglos y componendas con el régimen, que amasan fortunas haciéndose pasar como oposición. Que se disfrazan ante el pueblo ilusionado, mientras, escondidos, le ponen un camión de arena en el esfuerzo por mantener a la dictadura en el poder.

Para mi amigo todos estos muñecos, esos títeres que saca y mete el régimen de la maleta que carga para montar los espectáculos de mala muerte tratando de hacer creer al mundo que Venezuela es todavía un país democrático, no son nada. Así que, según mi amigo, no deben, ni pueden, ser considerados como opositores a nada. ¡Solo son farsantes, nada más!

Y sí, mi amigo tiene razón. Toda esa banda de facinerosos cómplices del régimen se quedó con la etiqueta, con el nombre de oposición. Y a la oposición de “ellos”, la convirtieron en una franquicia comercial, en una marca para hacer dinero; dejando de ser un poderoso movimiento social que buscaba cortar de cuajo con las raíces malvadas del régimen y su proyecto de destrucción del país.

¡Por eso me expreso como lo hago! Y si meto en el mismo pote de basura a todas esas sanguijuelas que se han prestado a ser contrapeso de pago de un régimen muchas veces ilegítimo, es por la aceptación, inclusive, de ellos mismos. A funcionar como el equilibrio dinámico de un régimen opresor y fallido que necesita mucho baño de cariaquito democrático para así andar por el mundo haciendo lo que todos sabemos que hace.

Como yo, muchísimas otras personas más dentro y fuera de Venezuela no nos tragamos la leyenda de ninguna revolución, sino más bien de un trabajo a muchas manos para desfalcar y arruinar a todo un país por unos cuantos delincuentes internacionales, no me parece fácil desligar a los personajes de la trama. Esa es la verdadera razón por la cual, hace mucho tiempo, decidimos cambiarnos de ser oposición rayada y llena de individuos de muy mala fe, por ser RESISTENCIA.

Porque la RESISTENCIA venezolana ni es ni se parece a la oposición que hace primarias y que le valida los crímenes y las fechorías a las que se dedica régimen.

La RESISTENCIA no es todo aquello que se ha robado el régimen con la complicidad de unos embusteros que nos manipularon y mintieron hasta empujar a un tolete del país al Tapón de Darién. Lamentablemente oposición es un concepto que ellos mismos han desgatado. Muy contaminado por el manoseo inescrupuloso de unos tipos que llevan años practicando las más refinadas técnicas del engaño social. Por lo tanto, me parece necesario plantear a mi amigo que sería útil que venezolanos que se sienten verdaderamente de oposición, que tomen distancia de esos sectores corruptos y ayuden a limpiar la nomenclatura opositora; y yo me comprometo a no mencionar más el asunto.

La RESISTENCIA, muy por el contrario, como mayorías que adversan al régimen de Venezuela, no se ha ni alquilado ni arrendado al régimen para rematar y liquidar en conchupancia al país.

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