CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Consulten carajo si los venezolanos quieren su pago en dólares

Mientras Javier Milei es electo como presidente de Argentina a punta de votos de verdad-verdad, el régimen en Venezuela se inventa números, participación y resultados de mentira.

Del fulano simulacro para el referéndum del 3 de diciembre para conocer si el Esquibo es nuestro o no, solo hubo calles y centros de votaciones vacíos el domingo pasado. Ni la gente se acordó, ni tampoco fue. Y, por cierto, sin que en ello tuviera algo que ver el comando de inútiles de la política doméstica venezolana, ni otra cosa que no consistiera en la profunda y enorme arrechera colectiva en contra del régimen de Caracas y de sus estupideces.

La Venezuela de verdad, no la de la Sala de Totalización del CNE, ni fue el domingo pasado al simulacro de estos sinvergüenzas, ni tampoco tiene alguna intensión significativa de acercarse el 3 de diciembre, ni siquiera para seguirles la corriente.

Los números que se inventa Elvis Amoroso han sido extraídos de la tapa de la barriga de esa gente. Igualito pudo haber sido otro. Ese ojo por ciento de participación en el simulacro es más falso que las promesas de amor de las cabareteras o de un billete de a tres, todos ellos juntos a la vez.

Resultaron más creíbles los millones sobre millones de venezolanos que fueron a votar por María Corina el mes pasado en las internas de la oposición, que los trillones de electores que supuestamente hicieron “colas” interminables para responder las cinco preguntas del régimen que nadie entiende, no tienen pies, ni tampoco cabeza.

Ya lo sabemos. Ahora régimen y oposición decidieron no medirse más en marchas de calle, en volumen de gente por metro cuadrado, como hacían antes. Ambos están más claros que de lado y lado, los que quedan con algo de entusiasmo para ese tipo de actividades son una especie en extinción en Venezuela que hay que proteger y cuidar antes que desaparezca definitivamente: los pendejos.

Es que, sin pretender ofender a tan ilustres estrategas y operadores de la política venezolana, a ninguno de ellos se le prendió el bombillo para promover un referéndum o una elección de candidatos internos que aportara una mayor utilidad nacional.

A ninguno de estos dos grupos, tanto de “demócratas” como de “socialistas”, se le ocurrió en cualquier de los dos casos preguntarle a la gente, ofreciendo hacer de los resultados vinculantes, si los trabajadores y pensionados venezolanos quieren o no recibir su paga en dólares indexados, por ejemplo.

Y es que resulta ser que, por la naturaleza seria e importante de la consulta, de la completa y total seguridad por el respeto a los resultados y sobre todo por la pertinencia del evento, fue que los argentinos fueron en serio y de verdad-verdad a votar masivamente el domingo pasado.

En Venezuela, ya simplemente eso no es así. Se entiende, ¿verdad?

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