Corazón que no siente, ojos que no ven

Gilberto Mayorca Yánez / Venezuela RED Informativa.us
24 de julio, a un mes de «El Dolor Mayor». Así como los ojos lloran, la Patria también lo hace, aunque alguien pueda no saberlo.
El viejo aforismo debió ser siempre el del título, no el inverso que tanto se repite.
Antoine de Saint-Exupéry dijo: «Lo esencial es invisible a los ojos», comprendí que lo esencial solo se ve con el corazón.
Ahora tenemos un ejército de ángeles que cuidarán de este pueblo mancillado por la ignominia de quienes la justicia ha de individualizar para la redención que merece tanto dolor.
Quizás recibamos algo maravilloso de todas esas almas benditas que partieron a la eternidad, el despertar al amor supremo que nos trae la luz de la consciencia para que Venezuela disipe tanta oscuridad.
Aunque el sentimiento nos agobie, la idea de justicia nos alienta en una suerte de esperanza por el bien posible, necesario para la paz.
Aunque pueda parecer disonancia, en tan encomiable sentido, deseo hacer una propuesta de «tipicidad» jurídica como «genocidio culposo, o de lesa humanidad con culpa», que jurídicamente no existen porque estos sustantivo demandan el «dolus specialis», es decir, la intención especial o propósito específico en el genocidio (Convención de 1948) y en los crímenes de lesa humanidad, se presupuesta como elemento constitutivo o verbo rector, la intención y conocimiento, «mens rea», mente culpable, es decir, el dolo y el saber o la conciencia que tiene el sujeto activo al cometer ese acto, consagrado en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
El legislador no consideró la conducta volitiva culposa pero, como sabemos, nuestra tragedia sucedió por imprudencia, negligencia, inobservancia o impericia, con una relación de causalidad evidente por pública, y acaso: ¿no hubo mens rea, por lo menos? Sin entrar a conocer de ámbitos sugeridos cuando la conducta culposa pluriofensiva, porque ocasiona varios resultados dañosos y delictivos que pueden constituir el concurso o concurrencia ideal o formal de delitos, que no conocerá la jurisdicción venezolana.
¿Y cómo calificar para su juzgamiento la conducta postfacto?
La inaudita indolencia y desvergüenza de dejar morir miles de personas en la más aterradora de las muertes, sepultados vivos, un holocausto de oscuridad, dolor, sed, hambre, angustia, agonía, incertidumbre, inmovilidad, morir sin esperanzas y en absoluta soledad. Lo que se ha hecho público por diferentes vías y fuentes, constituyendo noticia criminis y el más bárbaro de los crímenes culposos.
Cuando la ignominia, tras nuestro dolor mayor, les resulta poca a criminales sin alma, decretan en un interinato falaz, una emergencia económica que permite suscribir contratos de negocios turbios por años a favor de empresas trasnacionales, ¿qué más se quieren llevar?, ¿y nuestros hijos?
El tiempo revelará muchos crímenes ahora ocultos, comportamiento de extrema crueldad y maldad que denotan desprecio por la vida hunana ajena, que subordinan el mayor de los bienes jurídicos a la mera y miserable ambición por lo ajeno. Al momento de la operación llevada a cabo un mes antes, el 23 de mayo, como un «simulacro de evacuación» ante contingencias catastróficas, que hizo extrañamente EE.UU. en su embajada, se debió pensar en nuestro pueblo.
También deseo proponer un acto con toda solemnidad de duelo y memoria nacional, para que nunca se olvide a quienes partieron con nuestros corazones a cuestas.
En esa fecha siempre ha de existir el toque de oración, que nos recuerde el dolor que nunca terminará, por la memoria de las almas benditas que emprendieron su vuelo más alto, al ámbito infinito de la Luz eterna de Dios.
Es justicia que pido, espero y ha de ser.
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