CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Cuando conquistemos la libertad

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

No queda duda: el diablo siempre paga mal a quien bien le sirve. No está fácil sentir compasión ante las quejas y los ayayayais de los funcionarios desmejorados laboralmente del CICPC, la antigua PTJ.

Que finalmente y en serio se hayan quedado sin papel para imprimir las experticias no sorprende; lo novedoso es que ahora en verdad se quedaron sin impresoras. Sin embargo, al venezolano de a pie eso no le quita el sueño.

Como tampoco pueden esperar que la gran mayoría de Venezuela se vaya a echar a llorar porque el régimen les arrebató el HCM de ellos y el de sus familiares. Bastantes sinvergüenzuras le ordenó la dictadura que le hicieran a cientos de inocentes, y ellos no dudaron en llevarlas a cabo. Por supuesto, no todos son iguales, sabemos que Venezuela cuenta con funcionarios a carta cabal, pero los malos dominan.

En los Juicios de Núremberg, los nazis pretendieron ocultar sus responsabilidades ante las atrocidades que hicieron con el disco rayado de haber recibido órdenes superiores.

La destrucción final de lo que una vez medio fue una policía científica en Venezuela, terminó convirtiéndose en otra de las tantas bandas de bandidos, sicarios y extorsionadores con pistola de reglamento y chapa a las órdenes de un Estado Fallido y dedicado al mal.

A un estado salvaje y completamente desconectado de las funciones normales de ser cadena de transmisión efectiva entre la sociedad y los recursos del país, poco importa que sus fuerzas de seguridad se canibalicen, se vuelvan esbirros de la dictadura y finalmente funcionen como mercenarios para terceros.

Los cuerpos de seguridad en Venezuela hace años que privatizaron su oficio. Hoy los asesinos del narco-régimen de Caracas son expertos es judicializar cualquier protesta pública para desmoralizar la disidencia y enterrar en un calabozo a todo aquel que signifique un posible peligro para la eternización del régimen.

Las capas de matones y delincuentes autorizados por la dictadura son enormes. Entre el temor y la certeza en la aplicación de toda la fuerza del mal sobre un pueblo inocente, el régimen ha convertido al país en un enorme campo de concentración, donde los torcidos y los echados a perder de la sociedad tienen espacios para hacer cualquier fechoría con total impunidad. Cualquier ultraje a cualquier venezolano que el régimen decida desbaratarle la vida, es lo más común y lo más corriente en la Venezuela del siglo XXI.

A Venezuela y al venezolano se le ha hecho, y todavía se le está haciendo, muchísimo daño. ¡Y, todo eso, hay que pagarlo cuando conquistemos la libertad.

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