¿Cuándo dejó de ser venezolano Alex Saab?

Glenda Romero / Venezuela RED Informativa.us
La copia del pasaporte diplomático venezolano de Alex Saab pone en jaque al interinato, el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), ahora califica a Saab como “ciudadano colombiano”. El 21 de marzo de 2019, el Estado venezolano reconoció legalmente a Saab Morán, como ciudadano de nacionalidad venezolana. La imagen del pasaporte, sellada por el propio organismo migratorio lo demuestra e invalida el discurso actual de Delcy Rodríguez y deja en evidencia la falsedad de los argumentos migratorios utilizados para desmarcarse de quien fue el principal operador financiero del chavismo. Cómo Saab pudo ser Ministro siendo colombiano Y por qué invirtieron tanto dinero para convertir a Saab en símbolo político y exigir su liberación internacional.

Los hombres de confianza de hoy pueden convertirse en las figuras incómodas del mañana, y el caso de Alex Saab está abriendo una grieta imposible de ocultar en el chavismo. La pregunta que nadie se atreve a responder con claridad es: ¿Qué posición va a asumir Jorge Arreaza ante la ciudadanía venezolana de Alex Saab? Los documentos no se borran, el propio Arreaza como canciller de la República, firmó y defendió ante los tribunales internacionales la tesis de que Saab no solo era un ciudadano venezolano, sino un enviado especial y diplomático investido de total inmunidad. El Estado entero se movilizó, gastó recursos y construyó una batalla jurídica alrededor del pasaporte de Saab.

Si la nacionalidad de alguien que fue definido por las autoridades como un diplomático venezolano, e incluso fue Ministro del país y convertido héroe de la nación se maneja ahora bajo un manto de misterio, el mensaje para el resto de la dirigencia es devastador. ¿Estamos ante un gobierno que retira la nacionalidad y la identidad? ¿Qué dirá el hombre que certificó su estatus ante el mundo si se confirma que un tribunal borró de un plumazo lo que la cancillería defendió con vehemencia? La ciudadanía no es un traje a la medida que se confecciona para una emergencia y se destruye cuando conviene . El silencio de figuras clave como Arreaza solo alimenta la sospecha de que, tras las luces de los recibimientos oficiales, las reglas del juego cambiaron en la sombra. La gran interrogante no es el destino de un hombre, sino el valor de los documentos oficiales y la credibilidad en las instituciones.

Desde anoche, las redes sociales registran un fenómeno llamativo: un vaciado sistemático de publicaciones, una limpieza de historial que intenta alterar el pasado con un solo clic. Delcy Rodríguez ha comenzado a borrar de manera masiva todo rastro, mensaje o defensa pública relacionada con Alex Saab.¿Por qué borrar lo que antes se defendía a capa y espada? Durante años, la narrativa oficialista sostuvo con vehemencia que este personaje era un héroe, un diplomático intocable y una pieza clave de su estructura. Hoy, la orden parece ser el olvido absoluto. Esta purga digital no es un simple mantenimiento de cuenta; es el reflejo de un pánico evidente a la verdad y a las consecuencias del escrutinio internacional.


El verdadero peligro para el poder actual no son las sanciones, sino su propia inconsistencia expuesta ante el ojo público. La verdad no se elimina con un clic. Este intento de manipular la historia reciente demuestra una profunda subestimación a la ciudadanía. En la era de la hiperconectividad, cada palabra escrita deja una huella imborrable. Los ciudadanos tienen memoria, capturas de pantalla y el registro histórico de un discurso que hoy resulta insostenible para quienes lo promovieron. La eliminación de estas publicaciones expone una contradicción insalvable. Cuando un liderazgo decide borrar sus propias palabras, pierde la poca legitimidad que necesita para mantenerse gobernando.

El “colombiano incurso en varios delitos» tenía el permiso para hacer negocios en nombre de Venezuela con el mundo entero. A diario publicaba reuniones con príncipes, delegados de gobiernos y cancilleres de un montón de países, la oficina de El Rosal era una pasarela de firmas mil millonarias y de gordos negocios ilimitados con «el colombiano», era el aliado ante el mundo de los negocios de alimentos, construcción, petróleo, café, oro, cacao etc. Fue el hombre que diseñó los CLAP, la venta de alimentos a los venezolanos de de pésima calidad, en medio de la brutal escasez.




