Opinión

Cuando la Vaina, el Coño y el Arrecho se sentaron a hablar de Venezuela

Autor Anónimo / Venezuela RED Informativa.us

Un día, en una esquina cualquiera de Venezuela, se encontraron la Vaina, el Coño y el Arrecho, tres palabras del pueblo, tres expresiones de la calle, tres formas distintas de decir lo que muchas veces duele, indigna no se puede explicar.

La Vaina venía cansada, golpeada, con cara de pueblo que ha aguantado demasiado. El coño la miró y le dijo:

—Coño, Vaina… ¿qué te pasó? Antes tú eras relajo, fiesta, arepa, café, abrazo y conversa. Antes uno decía: “¡Qué vaina tan buena!”. Pero ahora casi siempre sales cuando algo está mal.

La Vaina respiró profundo y respondió:

—¿Y cómo quieres que esté, Coño? Si en este país todo se volvió una vaina. La luz es una vaina. El agua es una vaina. El sueldo es una vaina. La comida es una vaina. El hospital es una vaina. Sacar un documento es una vaina. Reclamar tus derechos es una vaina. Y vivir tranquilo, que antes era normal, ahora también se volvió una vaina.

El Arrecho, que hasta ese momento escuchaba en silencio, golpeó la mesa y dijo:

—Y yo también estoy cansado, porque antes “arrecho” podía significar algo bueno: “qué arrecho quedó eso”, “ese tipo es arrecho”, “ese escrito está arrecho”. Pero ahora me usan cada vez más para decir rabia, impotencia y cansancio: “estoy arrecho”, “me tienen arrecho”, “esta situación me arrecha”.

El Coño bajó la mirada.

—Coño… es verdad. Antes yo salía de la boca del venezolano para expresar sorpresa, alegría o admiración: “Coño, qué bonito”, “coño, qué bueno”, “coño, qué arrecho”. Pero ahora casi siempre salgo para acompañar una desgracia: “Coño, otra vez sin luz”, “coño, no alcanza la plata”, “coño, se fue otro familiar del país”.

La Vaina apretó los dientes y respondió:

—Porque aquí la gente no se fue porque quiso. Se fue porque la empujaron. Se fue porque el plato se quedó vacío. Porque el sueldo se volvió sal y agua. Porque los hospitales dejaron de curar. Porque la justicia dejó de proteger. Porque la esperanza tuvo que hacer maletas.

El Arrecho se levantó de la silla, con la mirada dura y el pecho lleno de pueblo.

—Aquí hay que hablar claro. El venezolano está arrecho, pero no arrecho de maldad.

Está arrecho de cansancio. Arrecho de impotencia. Arrecho de ver cómo destruyeron un país rico hasta convertirlo en una cola, una remesa, una despedida y una nostalgia.

El Coño le dijo:

—Coño, Arrecho… pero cuidado. Aquí decir la verdad también se volvió una vaina peligrosa.

Arrecho respondió:

—Más peligroso es acostumbrarse. Más peligroso es callarse. Más peligroso es mirar la miseria como si fuera paisaje. Más peligroso es que un pueblo aprenda a sobrevivir y se le olvide vivir.

La Vaina, con la voz quebrada, dijo:

—Yo no nací para nombrar desgracias. Yo también fui alegría, familia, calle, humor y esperanza. Pero me han usado tanto para hablar de problemas que ya la gente dice: “Esta vaina no tiene arreglo”.

El Coño levantó la cabeza y respondió:

—Sí tiene arreglo, Vaina. Pero no con mentira. No con propaganda. No con discursos vacíos. No con miedo. Un país se arregla cuando se respeta a la gente, cuando el trabajador puede vivir de su trabajo, cuando el médico tiene con qué curar, cuando el maestro puede enseñar sin pasar hambre, cuando la justicia deja de arrodillarse y vuelve a pararse derecha.

Arrecho volvió a golpear la mesa y dijo:

—¡Eso es lo que hay que decir!

Venezuela no está destruida por falta de riqueza. Venezuela está herida por exceso de abuso, corrupción, mentira e indolencia.

La Vaina miró al cielo y preguntó:

—Entonces, ¿qué somos nosotros?

El Coño respondió:

—Somos el idioma del pueblo. Somos la forma en que el venezolano llora sin dejar de echar broma.

La Vaina agregó:

—Somos la palabra que sirve para todo cuando ya no alcanza ninguna palabra.

Y Arrecho remató:

—Y yo soy la advertencia. Porque cuando un pueblo dice “estoy arrecho”, no siempre está insultando, a veces está despertando.

Entonces, la Vaina se levantó, el Coño caminó a su lado y Arrecho abrió el camino, los tres miraron a Venezuela y dijeron: «Esta vaina duele. Este coño indigna. Pero este pueblo, cuando se levanta arrecho, consciente y con dignidad, todavía puede cambiar la historia».

LA RESISTENCIA POR VENEZUELA…

www.venezuelainformativa.us no se hace responsable de las opiniones que aquí se publican. Es total responsabilidad del escritor

Donación

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba