Opinión

De Hegel a Maduro

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

Quizás sea lo último que escriba de la tragedia nacional, porque no son palabras lo que pudiera cambiar nuestro holocausto a fuego lento.

La conocida dialéctica que hizo famoso a Hegel que llamó: «Del amo y el esclavo», es una narrativa filosófica de lo que viviría el pueblo venezolano en este presente, no a propósito.

Este filósofo fue contemporáneo con El Libertador, aunque 13 años más viejo, que también profetizó la destrucción del país por la ignorancia del pueblo.

Hegel refiere, a mi entender, el ego de los políticos frente al del colectivo, de donde surge la necesidad imperiosa de los primeros de esclavizar a los segundos.

El miedo es el factor primario de esta aventura de subyugación social que demanda el reconocimiento del colectivo para proteger el deseo de los políticos de acceder y mantener el poder.

Vemos el deseo como segundo elemento motivador del ego político que será, sin duda, de la calidad de la evolución personal del mandatario marginal que constituye la evolución moral y de luces como refirió Simón Bolívar, relacionados con los parámetros y paradigmas de aceptación universal y calificados como buenos.

El deseo impone la necesidad de ser reconocido y reconocida «su verdad», que en realidad es su mentira, para cumplir con su creencia de eliminar su miedo de ser atacado y vencido con medios idóneos por oposición conceptual y de otros deseos.

De allí la necesidad de blindar el poder con la fuerza, que es posible si existe una estructura de fuerzas sin solidez y tradición doctrinal para cumplir con su misión constitucional, como lamentablemente ocurre en Venezuela.

Pretende Hegel atribuir atisbos de libertad al esclavo a pesar de haber sido avasallado por el miedo, por el despertar de su conciencia y entendimiento de la interdependencia del amo, pues todo lo obtenido depende del esclavo de donde emergen nuevas dudas y miedos, que constituyen la esclavitud del amo.

Este será el esquema predominante con variaciones como las del llamado: Pacto de Punto Fijo, que impuso lo mismo aunque con otro disfraz y con menos riesgos personales para esos políticos.

La solución a la dialéctica, sin duda, será: «El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política». No dijo El Libertador un nombre, pues es intrascendente.

La relación entre el filósofo y el tirano es que el primero explica el esquema de poder del segundo y el segundo ni lo sabe ni lo entiende, aunque sea el malhechor del oprobio, lleno de miedo eso sí y dispuesto a entregar lo que sea por su seguridad personal.

Una suerte de doncel atrapado sin salida por su propia ignorancia y deficiencias al jugar con la candela que, sin el asombro de nadie, acaba un país entero.

Así seguiremos por un tiempo, donde lo mejor que se ofrece es, al revés del aforismo: otro musiú pero con el mismo cachimbo.

De los Caballeros del Fénix

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