CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

De nuevo el corrupto Lula

Si el centro y la derecha política tradicional en América hubieran conservado sus malas costumbres del pasado de hacer trampas electorales, el mapa de nuestro continente no sería hoy un gran manchón rojo-rojito que es.

Muy por el contrario, en estos tiempos, quien resultó experta en llevar a cabo todas las trampas habidas y por haber, utilizando máquinas de votación para conquistar y jamás soltar el poder mediante el uso del sistema democrático, es la izquierda.

Dejando dicho por cierto, que “eso” que ellos llaman izquierda o progresismo, no es otra cosa que mafia. Delincuencia internacional organizada. Al mejor estilo de Odebrecht, Lula Da Silva y otros muchos incorregibles de la política en América; dentro y fuera de Venezuela.

El vecindario americano marcha mal, con tendencia irreversible a que vaya aún peor. Estamos presenciando el suicidio colectivo a nivel político de millones de individuos y países completos en nuestro pedazo de hemisferio.

Lula Da Silva es un convicto, un reo por corrupción pública, tras haber urdido, desarrollado y echado a andar dentro de su país y en el resto de América, una red increíblemente compleja de vagabunderías desde la cúspide más alta del Estado brasileño. Fue mayúsculo lo expandido que quedaron los más grandes negocios sucios con dinero de los contribuyentes, al también más alto nivel de muchísimos estados, con los negocios que llevó a cabo Odebrecht por toda AMÉRICA.

Odebrecht no era una transnacional brasilera dedicada a la construcción de obras públicas y a la consultoría, Odebrecht era un poderoso sindicado del crimen. Un aparato del más refinado crimen organizado transnacional montado para, en la mayoría de los casos, simular la construcción y el desarrollo de proyectos colosales de origen público, que se tragó billones de dólares en casi una docena de países donde las obras y los contratos establecidos con los gobiernos locales, jamás se ejecutaron, pero sí se cobraron.

Lula logra salir de prisión favorecido por el mismo entramado de corrupción que puso a andar en su país. Jueces, magistrados y un sistema judicial resbaloso lo pone en la calle, y hoy lo convierte en presidente electo del Brasil.

Por la otra parte, Jair Bolsonaro se engalletó a todo lo largo de su periodo hablando pestes en contra del sistema político brasileño, de los peces gordos que llevan años detrás del verdadero poder en ese país y, aun cuando tuvo el tiempo y el poder para cambiar las cosas, no cambio cosas que había que cambiar, por ejemplo el Tribunal Supremo de Justicia y a los rectores electorales.

Además a Jair Bolsonaro le correspondió un periodo difícil, aunque al final de su mandato enderezó la nave del Estado. A esta hora nos informan que una Junta Militar asume la conducción del país para enfrentar el fraude electoral.

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