El Fogón de la Editora

DEFENDER LO INDEFENDIBLE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

No la tienen fácil ni el régimen ni las salas situacionales que les tienen montadas los cubanos en Miraflores. Para esos criminales embusteros, el reto consiste, tontamente, en partir la opinión del gran país en dos, esconder el sol con un solo dedo.

Está en las calles de nuestro país una parte inmensa, cansada y hambreada, exigiendo la instauración de los sueldos y las pensiones en dólares indexados. Y otra parte, inventada por los malandros del régimen, dando la cara por un absurdo sin nombre: la defensa del salario actual de los trabajadores venezolanos.

Es completamente ridículo. Nadie en su sano juicio sale por su cuenta y vocación a defender la perpetuación del hambre de sus propias familias, y eso es lo que están exigiendo los caciques de la dictadura a los trabajadores del PSUV.

En esta oportunidad, traidores y cubanos, tienen que romperse la cabeza pensando en cómo encapuchan la naturaleza misma del ser humano, que tiene como objetivo primario la preservación de su propia vida. Yo no tengo idea de cómo va a hacer esta vez el régimen para convencer a los trabajadores de Venezuela en pedir la extinción de sus seres queridos; mientras un grupo de malandros viven como jeques sauditas y, de paso, hace muestras descaras de ello.

Y ese ejercicio de esquizofrenia colectiva a la cubana es lo que la dictadura está tratando de llevar a cabo, obligando a la gente a que proteste por las protestas, ya se está dando y es acompañado, como siempre, por los colectivos y por el resto de los matones a sueldo que funcionan para el régimen de Maduro. ¡Esta difícil!

La dictadura compite en discurso con los carros importados de los enchufados que circulan por todo el país. Con el restaurante japonés inaugurado en la Guaira por un ministro de mala muerte dentro del fuselaje de un avión. O con el otro de Altamira, donde la gente come guindada como si fueran mangos a no sé cuántos metros de altura. Con los bodegones y con todos los precios en dólares.

Sabemos cómo es que arrea el régimen a sus trabajadores a marchas de adhesión con los disparates y torpezas de sus políticas económicas. Pero, Dios lo sabe, hay una sola verdad: el hambre y las tremendas necesidades de las grandes mayorías nacionales que no pueden seguir siendo escondidas.

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