¡Deportados!, circo con dolor


La verdad es que no es un requisito sine qua non para que te monten en un avión de Conviasa en Texas, con destino sin escalas a Maiquetía, que formes parte del Tren de Aragua. Ni tampoco es necesario que seas un gran carajo que anda haciendo maldades en este país.
Lo único que se requiere para que el viajecito de “regreso a la patria” salga gratis, consiste en que el régimen de Caracas se haya arreglado con esta administración. Y no se cuente con los papeles, las visas o los permisos para que permanezcas en este país de forma legal.
A menos que no estés anotado en una de las “listas”; listo para dejar un país en donde casi todos vinimos a parar por persecuciones políticas o buscando oportunidades de futuro que no hay en Venezuela o escapando de la mengua, del hambre y la de más tremenda miseria, igual vamos «pa’fuera».
Porque ni por el carajo el par de aviones de Conviasa llegaron a Venezuela llenos de malandros del Tren de Aragua o de malhechores o atracadores y asesinos “Hechos en Revolución”. ¡Eso es mentira!
Entre tanto, Diosdado, que no pierde oportunidad para dar con su mazo, comenta que casi ninguno de los deportados tienen antecedentes penales. O miente, como sabemos que es su costumbre, o realmente muy pocos forman parte de la Venezuela mala que él, Diosdado Cabello, ha puesto tantísimo empeño en crear y mantener por casi tres décadas. De hecho, solo 40 o 50 de los deportados se tomaron la foto con el capo, ¿y los demás? ¿Qué pasó?
Total que a ambos casos de la ecuación de deportación que apenas está comenzando, celebran con bombos y platillos el primer embarque de venezolanos expulsados de América.
Nuevamente, demasiadas coincidencias entre las partes. Uno, que juraba que se trataba de polos opuestos, ahora los ve festejando el mantenimiento, y hasta el incremento del chorro petrolero robado para el régimen por la CHEVRON, la REPSOL y la EMI de Italia, con la misma euforia con que son puestos de paticas fuera de este país a cientos de venezolanos con destino a la “nueva Venezuela”.
Inevitable dejar de recordar aquella sombría historia de la época oscura de la Alemania de los años 30.
Primero vinieron a llevarse presos a los homosexuales y nadie dijo nada. Luego se llevaron a los comunistas y tampoco alguien habló. Luego a los judíos, y todo el mundo permaneció callado. Cuando finalmente fueron por mí, ya no quedaba nadie que hablara.
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