El Fogón de la Editora

DESAGRADECIDOS, ¡HASTA LOS INDEPENDIZAMOS!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

¿Hasta ese hueco, hasta ese espantoso basurero, es que nos ha empujado el régimen de Maduro y sus no-sé-cuántos-ladrones a millones y millones de venezolanos que estamos dando tumbos por medio mundo? ¡No puede ser!

Yo me niego a aceptar que el gobierno de Perú monte una ratonera en un estadio de fútbol, con el fin de atrapar a todos aquellos venezolanos que van a ver un partido de la Vinotinto y están sin papeles en ese país. ¡No puede ser, vale!

Es que en los años 80 había millones de peruanos, de colombianos, de ecuatorianos, chilenos y argentinos viviendo en Venezuela. Y la gran mayoría de peruanos, ecuatorianos y colombianos no tenían ni cédula, ni papeles, ni nada. Igual que a cientos de miles de venezolanos ahora, el hambre y la violencia dentro de sus países, y la total falta de futuro los arrastró hasta nuestras ciudades. Hasta nuestro país botarate del «Ta’ barato dame dos».

Es que había barrios enteros de colombianos y de peruanos en donde ni la policía entraba. Me acuerdo que en Caracas, detrás del Centro Comercial Chacaíto, por esa época existía un barrio de puros peruanos. Y tenían hasta los santos riñones de mantener izada la bandera de su país, como si nada. Cada cierto tiempo entraba un piquete de la Policía Metropolitana, repartía siete rolazos, arreaba la bandera de Perú y volvía a salir como si nada.

¡Eso es historia: historia vivida! Y no tiene nada que ver con cuentos de la Independencia, ni con la Era Gomera. ¡Pero si hasta Maduro, que es un colombiano de origen indocumentado, es de Cúcuta!

Pero, por favor: ¿Cuántas miles de mujeres peruanas, colombianas, ecuatorianas sin una locha partida por la mitad parieron en la Maternidad Concepción Palacios de Caracas? ¿Y cuántas de ellas mismas dejaban antes de irse al trabajo a sus hijos en los Hogares de Cuidado Diarios de la Fundación del Niño que fundó, y que por décadas funcionaron maravillosamente, Blanquita de Pérez? (que por cierto, Aristóbulo Isturiz en la Asamblea Nacional ordenó eliminarlos, como en efecto ocurrió; mientras mi hermano Pablo se opuso a tal despropósito).

Pena, pena es lo que le debería dar a tanto peruano que se regresó de Venezuela a Perú con los bolsillos llenos de dólares que se ganaron allá; con los hijos estudiados en buenas universidades, donde nunca pagaron un centavo y hasta bien gorditos a punta de latas de leche escolar regalada por los gobiernos de la Cuarta.

¡Sinvergüenzas, desagradecidos! ¡Hasta los independizamos! Después que los recogimos, les matamos el hambre, los cuidamos y les dimos trabajo, ¿así es como nos pagan? ¿Cómo nos devuelven todo el bien que hicimos por muchísimos de ustedes en el peor de los momentos de su historia, ahora, en la mala hora de Venezuela? ¡Dios castiga sin palos y sin piedras!

Aquella nación que no es agradecida de lo mucho que una vez recibió de otra, merece desandar el camino que una vez la llevó a pedir caridad.

Me da mucha rabia… ¡No escribo más!…

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