CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Diosdado, el Capitán Araña

Los cubanos, en Venezuela, se han inventado una normalidad preelectoral que ya no existe. Tratan de reeditar las viejas pasiones de los cabilleros de Acción Democrática, de las señoras en los abastos peleándose entre ellas por su candidato y de aquellos jugadores de dominó que se arrancaban los pelos hablando de los políticos y de la política del país; por cierto, todo ese gentío hace añales también huyó de Venezuela.

Los cubanos y los cuatro gatos que manejan el pensamiento dentro de Miraflores tratan de echarle varias capas de mugre al final esperado de la repetida película del “mejor sistema electoral del mundo”: el fraude en las máquinas que siempre lleva a cabo un régimen fraudulento.

Diosdado, el policía malo en esta mala serie de Netflix, amenaza con su garrote y jura que nunca dejarán el poder; ni por las buenas ni por las malas. Felicita al miserable aquel que juró sacar a María Corina a punta de coñazos de su pueblo, mientras enciende su “poderosa” maquinaria electoral, una vez que Rafael Lacava depuso sus aspiraciones presidenciales a favor de Nicolás Maduro dentro del único partido: el PSUV.

Así, resuelto el conflicto entre el gobernador mariguanero del Estado Carabobo y el colombiano que ha hecho un par de veces fraude electoral a todo el país, lo que resta es ver como desde Cuba construyen la campaña electoral.

Por el lado del régimen, es bueno decirlo, realmente ya no existe aquella “poderosa” máquina electoral de los antiguos comandos de campaña con nombres de ladrones difuntos. Lo que hay ahora son drogas para sus matones, gasolina, una que otra bolsa con un pollo y una mortadela, y billetes verdes para que cuatro gatos hagan la comedia de acercarse, de hacer bulto, a los centros electorales el día del evento.

Así todo, Diosdado insiste. El Capitán Araña nos quiere hacer creer que, en cualquier momento, se terminan de resolver las “pequeñas” diferencias que nos separan, por medio de unas megaelecciones convocadas entre gallos y madrugada, para acelerar la marcha imparable que lleva el país hacia el progreso y su desarrollo.

Nuevamente es Diosdado, en medio de su incontinencia verbal totalmente calculada desde La Habana, quien está tratando de crear una matriz de solución de país a través de lo electoral. No importa que Venezuela y el mundo entero sepa que el control del coroto comicial lo tiene Miraflores. Tanto que el ´propio Maduro está proponiendo que al poder electoral se le rebautice con el nombre de Tibisay Lucena. La difunta reina del arroz con pollo de las inolvidables “tendencias irreversibles”.

La verdad es que ya el régimen no disfruta de ningún tipo de preferencias populares que realmente puedan mover la balanza a su favor; aun en el escenario totalmente improbable de ocurrir unas elecciones limpias. Para nada. La reacción adversa en contra de toda esta porquería del siglo XXI es superior ahora a la existente en los eventos electorales que se desarrollaron en los años 2012 y 2013. En aquel tiempo, un bueno para nada como Henrique Capriles fue capaz de aglutinar el majestuoso rechazo a todos estos desgraciados y vencer a Chávez y a Maduro a punta de votos de verdad-verdad en menos de un año.

En Venezuela no existe tal “enorme satisfacción”, como señala la última payasada de Inter Laser, por las “fantásticas” políticas de inclusión que ha abierto el socialismo y las acciones del «presidente obrero».

Por supuesto que eso es un cuento muy bien pagado, pero completamente falso. Pero todo apenas está empezando. Y el régimen no es mocho. Ni tampoco le conviene seguir enseñando su lado más siniestro y oscuro al mundo que le rodea. Para eso cuenta con individuos como aquel que se entiende a trompadas con su esposa, el nuevo presidente de FEDECÁMARAS, sus inhabilitaciones electorales y su impecable sistema judicial, siempre rodilla en tierra con el socialismo.

Por eso: ¡Dios, Venezuela libre y Cese de la Ocupación!

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