CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Dos Venezuelas

¡Un momentico! Yo no seré economista, pero en el Parlamento Libertario y regados dentro de la Resistencia, contamos con los mejores expertos venezolanos para enfrentar las enormes reparaciones que hay que llevar a cabo para rehacer al país del Día Después.

Que nadie se confunda. Quizás estemos atravesando el momento más negro y más oscuro de nuestra historia como república. En manos de esta gente, y por tanto tiempo, el país está vivo por Obra y Gracia de Dios, ¡de chiripas! Pero Venezuela no solo lava carros, platos y hace UBER por medio mundo a cuenta de la maldición del siglo XXI.

Venezuela y los venezolanos somos la nación mejor preparada universitariamente de toda la América Latina. Somos todo lo que necesita un país para su pleno desarrollo intelectual, material y moral. Miles, millones de venezolanos han salido de universidades e instituciones educativas que, antes que Chávez y su plaga asolaran la nación, tenían ranking mundial.

Así que, ¿cómo es eso de que los sueldos, salarios, pensiones y jubilaciones no se pueden pagar en dólares y a precios constantes en Venezuela? ¿Cómo va eso? ¿Quiénes lo dicen? Y, por encima de todo, ¿con cuáles intensiones lo afirman?

Regálenme un pelo de su tiempo, por favor. Ya está bueno de tanto genio repitiendo las misma payasadas que dicen unos cuantos, cuyo único objetivo es continuar jodiendo a los trabajadores y pensionados del país. ¡Veamos las cosas en frío y sin arrecheras!

Si la mitad de la corriente del circuito económico venezolano funciona completamente en dólares, o en su equivalente caprichoso de un tipo de cambio distorsionado, ¿cómo es posible y justo que el único factor de producción en toda la economía nacional, el trabajo, no se remunere en la misma moneda?

¡Eso es un disparate, por decirlo chiquito! Es absurdo y estúpido que todos los bienes y servicios que se producen dentro del país o que se importan desde afuera, están seriamente comprometidos en su venta, puesto que, colocados en dólares, la gente no tiene nunca los bolívares suficientes para poder adquirirlos. Y arriba, esos bolívares, muy devaluados, pagados a destiempo y sin disponibilidad adicional de numerario para llevar a cabo las transacciones, cada vez se pone más difícil su adquisición para la población.

Total: todos los bienes y los servicios se venden en dólares y las familias nada más tienen bolívares, y malos, para intentar comprarlos. ¡De locos!

Y lo cierto es que, lo poco o lo mucho que pueden o producir o importar los empresarios en Venezuela, enchufados o no, cada vez resulta más difícil de vender entre una población empobrecida.

El venezolano de a pie, así las cosas, resulta ser de poquísima utilidad y menor rentabilidad para las empresas en Venezuela. La gente solo tiene bolívares, porque gana en bolívares y vive dentro de un huracán inflacionario que nunca termina para comprar lo que sea pagando en dólares. O sea, compra solo lo básico, lo elemental, cuando puede, para simplemente no morir de hambre.

Pero es que no hay que ser un premio Nobel en Economía para entender la cosa. Solo en la economía venezolana, un puñado cada vez más pequeño de gente puede sentarse a comer en un
trapecio en Altamira o ir a un concierto de quien sea, cuando la plata, en bolívares, solo alcanza para medio darse los tres golpes.

Eso explica las enormes diferencias nunca, pero nunca antes vistas entre los que tienen y pueden comprar cualquier cosa en Venezuela, y las grandes mayorías que viven en bolívares, en remesas o en “reinvenciones”.

Ahora sí que hay dos Venezuelas bien claritas: los que tienen, y se presume están enchufados, y el resto del país que está pelando bolas. Y ya sabemos: a quien no le guste, que se joda y se arranque, que las fronteras las tienen bien abiertas para coger la vía hacia el Darién y la pesadilla en Centroamérica.

Yo afirmo con total responsabilidad: aquellos individuos dentro o fuera de Venezuela que estén en contra de la dolarización de los sueldos, salarios, pensiones y jubilaciones de todos los trabajadores venezolanos, tanto del sector público como del sector privado, están siguiendo el juego perverso e infame del régimen cuyo fin es hacer de las condiciones de trabajo un instrumento de control demográfico y servir de maquila al NARCOGOBIERNO venezolano, cuyo objetivo consiste en esclavizar aún más a una nación, que tiene que volver a ser libre.

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