CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El Antiguo Testamento: Ojo por ojo

Para nadie es un secreto que a lo largo de los años, y a punta de mucha plata robada al país, Chávez y sus secuaces establecieron en Venezuela una potente Organización Criminal con el disfraz de ser un Estado normal.

De hecho, a la vista de todos, montaron una dictadura-electoral pasito a pasito. Muchos venezolanos no lo percibieron, otros no nos creyeron y para muy pocos, afortunadamente cada vez menos, creen que solo son arrebatos de delirios de persecución y manías de conspiración que sufrimos algunos.

El caso, créalo quien lo quiera creer o no, es que luego de casi 25 años el “mejor sistema electoral del mundo” se repite en una reelección permanente y eterna de los mismos rufianes en el poder.

Y hoy por hoy, Venezuela está entrampada en una ratonera. Y el mundo exterior, al final del día, cree lo que le conviene creer; por más que los pendejos casi ya sean, a nivel global, una especie en peligro de extinción.

¿Quién puede confiar del sistema Indra-Smarmatic controlado por el régimen venezolano capaz de crear de la nada 10.5 millones de fantasmas electorales en el referéndum del 3 de diciembre?

Y, si me permiten, hay algo aún mucho más curioso todavía que los trucos que lleva a cabo don Elvis. ¿Por qué las fuerzas políticas que supuestamente adversan al régimen de Miraflores ni armaron, ni aún han armado un escándalo de dimensiones bíblicas que ponga al descubierto dentro de Venezuela y ante el mundo que nos mira, cómo estos facinerosos del CNE transformaron a lo sumo 700 mil votantes en 10.5 millones de individuos que ni se vieron, ni se sintieron, ni mucho menos aparecen firmando en los cuadernos de votación en el referéndum?

No hay duda. El mejor sistema electoral del mundo cuenta con la mejor levadura electoral del mundo: ¡plata para cerrar bocas! Y luego de todo este cuento del Gallo Pelón, ¿qué queda en Venezuela?

Pues cuentas más, cuentas menos: 8.5 millones de venezolanos dando tumbos por el mundo. Venezolanos pasando trabajo como nunca a alguna nación le tocó pasar, y 20 millones más atrapados en una cárcel a cielo abierto de casi un millón de kilómetros cuadrados sin electricidad, sin servicios mínimos de salud, educación, con unos salarios en bolívares devaluados que no alcanzan ni para comer. Y con una calidad de vida miserable, como no existe otra igual en el país más paupérrimo que pueda existir en el África Subsahariana. Es que a nuestro pueblo siempre le ha tocado pagar bien caro, con intereses y hasta de mora, los errores que comete.

Solo nosotros, quienes padecemos esta tragedia, estamos en capacidad de enredarle la tranquilidad y las caletas que disfrutan dentro del país, haciendo calle, protesta y rechazo.

No sigamos poniéndole fácil al régimen y a sus amiguitos la vida de rumba que llevan. Hagamos de sus existencias también un infierno, como ellos tienen ya acostumbradas a las grandes mayorías venezolanas.

Practiquemos el viejo testamento de la arrechera: ¡que todos la pasen mal, muy mal!

Es por eso ahora más que nunca repetimos: ¡Venezuela no te sigas dejando joder!

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