El avestruz Karim Khan


La persecución política poselectoral en Venezuela resulta muy útil para tratar de esconder el desastre en que viven los millones de venezolanos que están dentro del país.
Pone los pelos de punta la facilidad con que un perfecto imbécil del juguete judicial del régimen le dicta un auto de detención a Edmundo González Urrutia, así como si nada.
Dicho sea de paso, Edmundo no tiene como origen legal el de provenir de la eterna Asamblea Nacional encantada de 2015, como fue investido el vivo de Juan Guaidó en su oportunidad. Edmundo González Urrutia fue el candidato que acumuló la mayor cantidad y caudal electoral de arrechera popular en contra de estos por casi 30 años de saqueo nacional, que representan los periodos chuecos de Hugo Chávez y los totalmente fraudulentos de Nicolás Maduro en el poder, pero que el fiscal Karim Khan, como buen avestruz mete la cabeza en la arena o mejor dicho en su oficina que abrió en Caracas para
no ver nada, ninguna tragedia, pero eso no es gratis. Ya dijeron que recibió una boloña.
No quiere ver que Edmundo ganó limpiamente las elecciones presidenciales del 28 de julio con casi el 70% de los votos de todos los venezolanos de todos los rincones y de todos los estratos de nuestra sociedad. Como para que les dé una mayor arrechera al colombiano y a los cubanos que le asisten en aquello de tratar de darse un baño popular con la revolución ladrona que entre ellos dicen haber inventado.
Así que poco importa que las declaraciones de los ingenieros y de los trabajadores de las empresas generadoras de electricidad en Venezuela se estén repitiendo o no en las redes.
Que sean refritas sus alertas, que continúan vigentes. Porque cada día que pasa, no interesa cuando fue dicho, el problema de la luz se agrava en Venezuela. Cada vez más y más zonas del país van a la oscurana por más tiempo seguido y con menos día de luz completa.
Mientras el país se descose en lo político, mientras María Corina Machado corre y brinca para mantener encendida la vela de la fe en una salida por las buenas, estos miserables del siglo XXI se preocupan y se ocupan solo por las chucherías que algún avispado de último minuto les quiera confiscar en cualquier parte del mundo; mientras que Venezuela va cada vez más para lo oscuro, para el no poder comprar la cesta básica con lo que se gana en bolívares y con una calidad de vida nacional que es tan exitosa como la que tiene el pueblo de Cuba en «La Isla de la Felicidad».
Allá, en Venezuela, el tiempo se cuenta en falta de luz, de agua, de servicios básicos y de tantas carencias proporcionales a lo que estos desgraciados les roban cada día a todos los venezolanos.
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