El Fogón de la Editora

EL CAMINO DEL DARIÉN

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

La Ciénaga del Darién, la selva endemoniada que hace de frontera entre Colombia y Panamá, come gente, traga gente. Ahora, en una increíble cantidad de unos 500 venezolanos por día, una parte de nuestro pueblo trata de atravesarla. Y la selva, irremediablemente, engulle a cientos de los nómadas empujados por la “maravilla” del socialismo bolivariano, mes tras mes.

Las reseñas sobre el horror que se padece por el paso del Darién muy pocos las cuentan, muy pocos las dicen. Solo se sabe del espanto de ese camino infernal por los testimonios de aquellos que tuvieron la fortuna de salir por el lado de Panamá de una sola pieza.

Los videos, audios y fotos que circulan por las redes, grabados por los mismos sobrevivientes, paralizan de horror al más pintao.

Caimanes nadando entre los caños, mordisqueando cadáveres humanos retorcidos entre sus enormes bocas. Seres humanos sin vida, desfigurados por la muerte, regados por todos lados, triturados por la selva. Y como manifiestan todos aquellos que logran escapar del Darién: un penetrante y nauseabundo olor al azufre de la muerte, pegado entre todos los rincones de esas tierras siempre empapadas, siempre mojadas.

Es el infierno, dicen todos los que lo atraviesan. Son sendas interminables infestadas por la malaria, por todos los bichos inimaginados y por la guerrilla colombiana y sus laboratorios, donde procesan las drogas.

Y, ahora, en estos tiempos, paso obligado de errantes nómadas venezolanos, en su camino hacia el sueño Americano, por la frontera sur de este país.

Esto está pasando ahora y aquí. Esto está ocurriendo todos los días, mientras Maduro pasea por Oriente Medio y la oposición venezolana se rompe el coco para dilucidar de qué manera es que va a escoger a la reina de la feria que los representará en el templete de 2024. ¡Por favor! ¡No basta rezar!

Hay que salirle al paso a este deshuesadero humano, consecuencia de la espantosa situación en que se encuentra nuestra tierra; que empuja a millones de venezolanos a emigrar, a huir del país, como sea. ¡Porque ignorarlo no es la salida!

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