«El continente americano debe apoyar las gestiones de paz de Trump»


La administración Biden/Harris no consigue cómo despedirse del mundo sin antes dejar bien engalletado al planeta.
La autorización por parte del presidente Joe Biden para el uso de misiles de última generación de fabricación norteamericana a ser empleados por el gobierno de Ucrania en contra de objetivos dentro del territorio de la Federación Rusa es, sin duda alguna, subirle dos, como decimos en Venezuela, al asunto sin fin de la guerra ruso-ucraniana.
Putin, quien siempre ha demostrado tener muy mal humor y además de ser muy poco tolerante con la tercera edad, responde diciendo que “quienes le entreguen cacharros peligrosos a Zelensky y le den permiso para usarlos, Rusia los considerará como parte activa del conflicto”.
El día después, luego de que el Departamento de Estado anunciara que reconoce a Edmundo González Urrutia como presidente electo de Venezuela, Rusia le pone un misil de alcance medio en la cabeza a los ucranianos. Afortunadamente sin carga atómica. Pero todo el mundo hace de la advertencia de Moscú un escándalo. ¡Putin habla en serio!
Es el caso que Putin, amiguete de las cucarachas del siglo XXI, no juega a los carritos.
Tampoco a las ambigüedades con colosos como la CHEVRON y los arreglos secretos del Departamento de Estado con la dictadura de Nicolás Maduro.
Putin será lo que sea, pero cuida como un perro bravo de su patio trasero. Es que en geopolítica no siempre dos más dos son cuatro. Las potencias siempre pueden cuadrar su aritmética para hacer lo “correcto” y no perderse en asuntos menores.
Pero yo, Pablo Medina, ¡ni la meto, ni la saco!
Cierro esta perorata simplemente advirtiendo que aquello que está ocurriendo en la parte más fría del mundo puede tener una réplica en la Venezuela del siglo XXI.
Claro está: ¡dependiendo de quién esté jugando el juego!
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