CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El derecho a la nacionalidad

Si María Corina Machado Parissi no es venezolana, entonces seguramente la familia Medina Carrasco del Tocuyo, Estado Lara, resultó ser de la República Popular China. Quizás eso explique el por qué a mi hermano Luis le gusten tanto las lumpias, a mi hermana Flor el Chop Sui y a Ilenia otra de mis once hermanos, le fascine el arroz. ¡No me suena! Y no me suena porque hay un principio constitucional que es el “Ius Solis” que viene del Sacro Imperio Romano de la época de Constantino, o lo que es lo mismo el derecho al suelo; y el “Ius Sanguinis”. El Rey de España Carlos III cuando ordenó crear la Capitanía General de Venezuela dio lugar a la partida de nacimiento territorial.

Lo que sí sé, y también conocen un montononón de venezolanos, es que Nicolás Maduro Moros nació en el Rosario de Cúcuta, Departamento del Norte de Santander, República de Colombia.

Cualquiera que desee hacer turismo de identificación y extranjería, que se acerque por allá; se trata del primer pueblo antes de entrar a la ciudad de Cúcuta, luego de La Parada y muy cerca de la casa materna de Francisco de Paula Santander, que hoy en día es un lindo parque, a 50 kilómetros de San Cristóbal, Estado Táchira. Ahí podrá ver una casita que hace esquina, al final del pueblito, donde nació y se crio el actual dictador de Venezuela. De donde es realmente el delincuente que se esconde detrás del bigote que está saqueando a todo nuestro país: Nicolás Maduro.

Lo que le falta a esa vivienda es la placa conmemorativa, porque los vecinos de toda la vida, que aún siguen viviendo en la misma cuadra, todavía se acuerdan del muchacho que iba a visitar a los primos colombianos que se quedaron atrás cuando una parte de la familia se fue a vivir a Venezuela.

Como muchos colombianos. Como millones de colombianos que se cobijaron o se escaparon de la violencia, del hambre y de la miseria que se afincó en ese país por décadas, los Maduro Moros fueron a dar a Catia en Caracas.

Desde ahí, a ese vagabundo le fue más fácil inventarse la mentira de su origen venezolano. De ahí, como muchos colombianos que toda la vida tratamos como a verdaderos hermanos en Venezuela, entró como reposero sindical del Metrobús en el Metro de Caracas. Hasta que un día su buena estrella lo puso detrás del volante del carro que llevaba y traía al sinvergüenza de Hugo Chávez por todo el país, después de que éste saliera de Yare.

Lo demás consistió en lavado y pulitura. Hay que reconocer que el fulano tiene aguante. ¡Porque para calarse las peroratas interminables y absurdas del maniacodepresivo que resultó ser el ignorante de Chávez, hay que echarle!

Con toda seguridad, la que luego sería su pareja y después su esposa, Cilia Flores, tuvo mucho que ver en su construcción como operador político y hasta como canciller sin tan siquiera saber hablar una papa de inglés. Cursos avanzados, por cuenta del gobierno del país que lo acogió desde chamo, lo transformaron en el tipo que hoy se las da de estúpido, diciendo burradas muy bien pensadas por los cubanos, sin tener un solo pelo de tonto.

Todo ello mientras se ha convertido en dos oportunidades seguidas en el remedo, en la mentira de un presidente impostor por origen completa y totalmente fraudulento, de uno de los países más ricos de la Tierra. Como decía el viejo Oscar Yanes: ¡Así son las cosas! Por eso: ¡Dios, Venezuela libre y Cese de la Ocupación!

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