CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El día de rendir cuentas

Qué maravilla: Maripili Hernández, uña y mugre con el régimen, sí da como importante el asunto de la dolarización e indexación de los sueldos y de las pensiones en Venezuela. Muy por el contrario, los no-sé-cuantos candidatos a las primarias para cuidarle la silla al colombiano, no dicen ni pío.

Es que Pérez Vivas, Rosales, María Corina, Guaidó, Rausseo y todos los demás están para “cosas”, para “asuntos” más grandes, más importantes, más trascendentales. Lo de ellos, seguramente, es la cura del cáncer o la cuadratura del círculo. Cosas de verdadero peso: ¿Qué debe hacer el pueblo venezolano una vez que Diosdado, Padrino, Nicolasito o los hermanitos Rodríguez tengan a bien cansarse de tanto robar y saquear al país, y decidan, como cosa de ellos, empantuflarse con todo lo que se han cogido y largarse a pasar el resto de sus día en la isla de Cuba?

Porque si algo los espabilaos de la Unidad tienen por seguro, como buenos creyentes, es que los desgraciados del régimen de Caracas salen a punta de votos el año que viene.

Y, a quien se le ocurra dudar: está con el chavismo, es del G2 cubano, repite las frases creadas por un laboratorio desde La Habana o es un infiltrado.

Porque la tesis funcional del cogollo de la oposición venezolana es única en su estilo: el régimen de Miraflores, cansado de robar, matar y despoblar al país, está en medio de un serio cuadro de sarampión democrático. Ha visto la luz de la verdad y se ha propuesto dejar de ser una banda de facinerosos, Maduro piensa aceptar los resultados electorales de 2024, aunque le sean adversos, y eso lo cree esa gente.

El régimen, luego de casi tres décadas de destruir a nuestro país a dedicación exclusiva, reflexionó y se dio cuenta del profundo daño que le ha hecho a millones y millones de venezolanos. Entonces decidió dejar todo en manos de la Mesa de la Unidad Democrática. ¡Es que el cogollo de la oposición ya se arregló con los muchachos que mandó Maduro a México! Todo está hablado y se acordó un «quítate tú pa’ ponerme yo».

¡Ah, pero eso sí! Que los chicos de la Unidad Democrática no formen líos. Que se mantengan quietecitos hasta que les toque; mientras todos juntos empujan las mentiras.

Esas que insisten ante el Departamento de Estado y ante el resto del mundo libre que Venezuela es un país democrático, porque celebra elecciones a cada rato. Que el régimen que controla el poder en el país cuenta con los contrapesos democráticos que todos los países democráticos del mundo tienen. Porque Maduro no es un dictador, ni se robó en dos oportunidades los resultados electorales, al igual que Chávez desde el referéndum revocatorio de 2004 hasta el día que se murió en Cuba. Que la gente, los venezolanos, somos personas con muy buen humor y muy felices, aunque en el país no se pueda comprar prácticamente nada porque los trabajadores y pensionados ganan sus sueldos y reciben sus pensiones en bolívares, cuando todos los precios de todas las cosas que se necesiten comprar se venden en dólares.

¿Será que toca poner todas estas patrañas en muñequitos de plastilina para que el cogollo de la oposición se entere que no somos ni imbéciles ni pendejos, ni adentro ni afuera de Venezuela?

Porque todo indica que nos quieren hacer creer que todas esas estupideces son verdad. Pero ya llegará el momento en que rindan cuentas.

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