CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El encuentro entre dos potencias

A finales de la semana pasada, allá en Corea del Sur, el presidente Donald Trump de Estados Unidos y el dictador y jefe supremo del partido comunista de los trabajadores de China, FU-MAN-CHU, enterraron, al menos por un año, las hachas de la guerra económica entre ambos países.

Donald Trump decidió rebajar un porcentaje bien importante de los aranceles punitivos por el bajo control que ejercen los chinos sobre la producción y venta indiscriminada de los propulsores del fentanilo, que emplean los carteles mexicanos y el Cartel de los Soles.

Ambos congelan las tasas portuarias que los dos se habían decretado, que afecta a buques de carga que hagan puerto y posean bandera u origen de fabrica en cada uno de los países. Y, que se sepa, China se compromete a regresar al estatus del día anterior de la última escalada, sobre las exportaciones de tierras raras que tanto requiere la expansión tecnológica de EE.UU.

En menos de dos horas, los hombres que inciden sobre las economías más grandes del planeta, y en buena parte sobre las del resto del mundo, se arreglaron. Y es que no les quedaba otra.

Los propulsores del fentanilo, que casi que en exclusiva se mueven por la llamada Ruta de la Seda, muy pronto, pero que muy pronto, van de dejar de tener una fuerte demanda.

FU-MAN-CHU cede lo que ya tiene por perdido. Y Donald Trump le sigue la cuerda.

Con la intervención militar de los carteles que forman parte del gobierno de México y con la extirpación del Cartel de los Soles, la demanda de propulsores va a caer.

De manera que, haciendo una lectura transversal de los arreglos entre EE.UU.-China, esa “industria” asiática va a sufrir una importante caída en su demanda natural. O sea: muerto el perro, se acaba la rabia. Por otro lado, el de la flexibilización del asunto de las tierras raras que tanto preocupa a los productores tanto civiles como militares norteamericanos, la gente parece olvidar algunas “cositas”.

Y es el caso que la primera ministra de Japón, que sí es electa por un parlamento democráticamente escogido, recibe a Donald Trump no solo con un saco para que meta sus palos de golf. Muy por el contrario, Japón, que lo único que posee en abundancia es mar y mucha gente talentosa, le entrega a Donald Trump toda, toda, la producción de tierras raras que parece ser es lo único que le sobra a ese país. ¿Qué tal?

China queda fuera de la jugada. Los norteamericanos podrán continuar comprando las basuras de mala calidad Made in China y todos contentos y felices por dentro. Creo que EE.UU., VENEZUELA y el resto del continente, cada vez está más cerca de ser, nuevamente, para todos los habitantes de este continente. Por lo cual es condición básica elaborar un plan de desarrollo para lidiar y resolver la pobreza. Desde la época de la Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy, las naciones y pueblos del continente americano han carecido de un instrumento para resolver los diversos asuntos del desarrollo.

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