CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El Holodomor o Genocidio por Hambre

La dramática situación por la cual atraviesan los salarios de los trabajadores en Venezuela no se resuelve con la incorporación o no de los pagos por encima del salario mínimo en la cuenta de las prestaciones sociales.

Sera muy constitucional o legal o sagrado, lo que se incorpora a las prestaciones sociales al final de la relación laboral en este momento no es más que un triste obituario de lo que nunca fue, para enfrentar la vida diaria del trabajador en Venezuela.

Lo que está matando de hambre al trabajador venezolano es el día a día de unos salarios que valen apenas fracciones, si se comparan con lo que cuesta la cesta básica familiar nacional. Nadie aguanta hasta el fin de la relación de trabajo para poder comer todos los días. Este esquema al estilo de la República Comunista China pone de rodillas al factor trabajo; tanto frente a los empresarios privados, como al trabajador frente las empresas del Estado.

En Venezuela si no se indexan los salarios de todos los trabajadores en dólares, y los mismos no nivelan sus montos al costo de la canasta básica familiar, estamos en presencia de otra maroma que busca solo lavarle la cara a la dictadura, para quedar bien con el capital que ellos, realmente, son quienes protegen, porque son sus dueños.

Si el gran “logró” de estos facinerosos del régimen en materia laboral consiste en unos salarios de hambre que no alcanzan para llevar una vida decente en Venezuela con cualquier sueldo que ganes, entonces el movimiento sindical actual en nuestro país es solo otro parapeto más al servicio del régimen. aceptando el Holodomor o Genocidio por Hambre. Esa política criminal la practicó Stalin contra el pueblo de Ucrania en 1931.

Antes que el régimen continúe su avance en transformar al trabajador venezolano en otro migrante sin destino más, los trabajadores tienen que actuar. Antes que los trabajadores venezolanos sean convertidos en piezas recambiables de las maquilas que se está inventando el régimen con sus socios internacionales, hay que salir a parar al país.

No politizar por parte de los trabajadores, muy en especial los del sector público, la lucha por indexar todos los salarios al tipo de cambio y al costo de la canasta básica familiar, es apoyar la extinción de la capacidad de compra real que ya ni tiene el salario del venezolano. Y, eso, eso ¡es un suicidio!

Si el temor lo constituye la aprensión por parte del trabajador en politizar los reclamos desde la calle para obtener una vida digna, la representación de la clase trabajadora nacional es nada más que un postizo, un embuste más del régimen.

Allá, en Venezuela, estos malandros del régimen han mentido sobre la supuesta revolución: nunca ha significado ni mucho menos la recuperación de las condiciones de vida del venezolano, manteniendo un salario que conduce inevitablemente al Genocidio por hambre.

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