Opinión

El ocaso del poder político y religioso en el texto “Las ruinas” de José Antonio Ramos Sucre

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

El texto “Las ruinas” de José A. R. Sucre pertenece a su obra “Las formas del fuego” (1929), cuyo autor es considerado uno de los poetas venezolanos más brillantes de la primera mitad del siglo XX, de reconocimiento mundial en los últimos 50 años.

«Las formas del fuego» es el título dado por José A. Ramos Sucre a un conjunto de 126 poemas en prosa. Como creación poética, el título es una metáfora en sus formas infinitas de expresión artística. Es símbolo de la luz, de la iluminación, de la metamorfosis, de la transfiguración de sus formas en llamas. Es la representación poética de la organización de la obra en sus aspectos formales y en la expresión de su belleza.

En su título, Ramos Sucre hace referencia a la teoría de las formas e ideas de Platón. «Las formas del fuego» es el enunciado de una clara y directa alusión al Mito de la Caverna.

Es como si quisiera mostrar en este título aquellas “figuras” o “formas” que se reflejaban (o proyectaban) en la pared de la caverna por el brillo del resplandor del fuego de la hoguera que se encontraba a la espalda de los hombres encadenados en el interior de la gruta. Solo que en Las formas del fuego se muestran diversas historias, formas de creación poética que recrean acontecimientos pasados, hechos imaginarios, personajes históricos, obras de arte, como “formas” de expresión artística.

El tema de “Las ruinas” es la visita de una persona a un palacio abandonado después de transcurridos diez años.

La brevísima historia se inicia con el protagonista caminando descalzo en el interior de un palacio, detalle que se revela porque siente en la planta de sus “pies la molicie del musgo” que proliferó en los espacios del lugar. Mientras caminaba rememoró que “había corrido un tropel de caballos alados” por “la maciza escalinata” de la fortaleza guiados por un joven “héroe” quien los golpeaba con un arma de hierro en forma de cetro, en cuyo recuerdo pone de manifiesto que había estado en el pasado en ese lugar. Entonces declaró estar visitando la fortaleza después de una década, inclinándose delante de la imagen de un santo que se encontraba incrustada en una de las paredes de la mansión y rápidamente salió de allí.

La referencia de algunos elementos temáticos estructurales ubica la narración en un pasado remoto, heroico y mitológico que traslada la imaginación del lector a la sociedad griega antigua con sus héroes, mitos y leyendas.

La presencia del musgo diseminado por toda la fortaleza es una señal de su abandono por el paso del tiempo, cuya ruina representa la imagen de la decadencia. Pero la destrucción de este palacio no es cualquier detalle. Se trata del símbolo del ocaso del poder político de la aristocracia y del poder religioso. El poder político de la aristocracia se mantuvo en gran parte de la Alta y Baja Edad Media, en antagonismo permanente con la iglesia, mientras que el poder religioso aún continúa presente en todo el mundo constituido como el Vaticano, un país con todos sus poderes estatales. Igualmente el poder político y económico de la aristocracia se transformó en capitalismo pasando por diferentes etapas.

Desde el umbral de la civilización el palacio fue la construcción que representó la imagen de ambos poderes. Allí se concentraba el poder político de un gobernante que generalmente era un rey que dominaba sociedades muy jerarquizadas. Un modelo de tal edificación lo representa la polis o ciudad alta de la Grecia antigua. Aunque además funcionaba como residencia del rey, del aristócrata, de los ricos y en el presente continúa siendo así en algunos países europeos.

Otros apartados destacados son “la maciza escalinata” por donde corrían desordenadamente unos “caballos alados” y un joven “héroe” victorioso que los golpeaba con “una maza ligera y usual como un cetro”. Estos datos resaltan el lujo y la riqueza en la construcción de los palacios. El diseño de una escalinata robusta es señal de esplendor arquitectónico, del poder económico de la aristocracia, de los nobles. Los “caballos alados” aluden a la mitología griega, particularmente Pegaso. Según la mitología griega, Pegaso es el caballo legendario y quimérico que nació de la sangre de Medusa después de haber sido degollada por Belerofonte. El joven héroe con su arma en forma de cetro es el emblema del guerrero de la épica griega representada por Homero en la Ilíada y del poder de la aristocracia.

La reverencia del protagonistra a la imagen de un santo en el palacio arruinado es el testimonio de la presencia de la iglesia en el pasado en ese tipo de construcción y de su declive, aunque a pesar de esta adversidad el personaje mantiene el respeto por la figura sagrada.

El desenlace de esta historia maravillosa se produce cuando el protagonista sale del palacio y desciende “sin deponer la espada” por un camino en el que encuentra un banco de piedra debajo de un árbol. En él se sentó a meditar y a leer un libro de caballería. En este instante cayó de repente una hoja del árbol que llenó de un agradable perfume las páginas de su libro de Amadis. ¿Sería esta fragancia un gesto del amor? ¿El embeleso de un amor trascendental?

No deja de ser interesante que el caballero al salir del palacio no deponga su espada. ¿Es un joven noble, guerrero y héroe? ¿O es un caballero andante que anda buscando su “gran amor”, a su amada inmortal? Parece ser un héroe sensible que no lleva en su alma señal de fracaso, que busca a su amada en la novela romántica de caballería, en la poesía eterna que no admite derrota

Ojp5@hotmail.com

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