El papá de los helados

Pablo Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
“Ganaremos por mucho”, fue una reiterada respuesta del candidato Donald Trump a la interrogante y acoso de los periodistas. A quien hacemos propicia la ocasión para felicitarlo por el cumplimiento de esa suerte de profecía. Haber llevado sobre sus hombros dos campañas electorales previas a lo largo del paisaje social y electoral de esta gran nación, no requería de empresas encuestadoras. El 5 de noviembre fui al Centro Jorge Mas Canosa, todo el día estuve distribuyendo publicidad de Donald J. Trump / J. Vance a los electores. Antes de entregarlas les decía “Vote por Donald Trump ‘el papá de los helados’”. De 700 folletos solo 30 personas lo rechazaron y muchos jóvenes me los recibieron emocionados.
En 2022, día del periodista, conversaba con republicanos de Miami, luego con venezolanos en diferentes países en relación a quién debería asumir la responsabilidad de la candidatura presidencial para las elecciones de 2024. La opinión que defendí fue que habiendo ciertamente un grupo de excelentes precandidatos, incluyendo a Ron DeSantis, el gobernador de la Florida, sin embargo, todos deberían declinar sus candidaturas porque había y hay un peligro muy grande sobre EE.UU., como es la guerra contra el Estado Profundo y la Agenda 2030, y quien debía y podía liderarla era Donald Trump.
Su primera presidencia de 2016 a 2020 se caracterizó porque el Partido Demócrata no ofreció en ningún momento la diplomática » luna de miel», por el contrario, se concentraron en torpedearla, es decir, fueron innumerables obstáculos para Trump. Aun así, su gestión fue extraordinaria y las cifras económicas están ahí a la vista de la historia. Y hubo paz en la Tierra. Pero los “maltusianos” de la agenda 2030, mediante una conspiración mundial contra la raza humana se impusieron a través de las diabólicas vacunas, facilitando el fraude electoral de 2020, con técnicas electorales chavistas copiadas de Venezuela.
Fui testigo del monumental acto del histórico 6 de enero en Washington. ¿Cómo no recordarlo?, estábamos a una temperatura de menos 20 grados. Rememoro el preocupante llamado del presidente Trump a Mike Pence, el “Judas Iscariote” de la Vicepresidencia, para que actuara conforme a la ley. Después nos trasladamos hasta las afueras del Congreso. Desde allí observamos a manifestantes retirándose de las instalaciones. Vinieron a mi mente lecturas y acontecimientos históricos como el incendio de Roma y la persecución a los cristianos, otro el incendio del Reichstag en Berlín el 27 de febrero de 1933, época de Hitler, con el objeto de perseguir a los comunistas y consolidarse en el poder. Mientras en Rusia, Stalin impulsaba los llamados «Procesos de Moscú», con el claro propósito de eliminar a todos sus contrincantes del Comité Central del Partido Bolchevique, y todos fueron fusilados. Estos
procedimientos son indicativos de que existe toda una estructura sólida de estalinistas en el esquema del partido Demócrata, quienes han debido planificar los 92 juicios y los atentados para sacar de elecciones presidenciales a Donald Trump.
Es fundamental para el futuro de Estados Unidos, y del propio Partido Republicano, que el capítulo del Congreso del 6 de enero de 2020 debe ser completamente esclarecido y llegar hasta la responsabilidad intelectual y material, así como liberar de responsabilidad a los que pagaron prisión injustamente. No tengo dudas de que el presidente Donald Trump saldría fortalecido ante la historia.
El mapa teñido de rojo en toda la extensión de la geografía de EE.UU. es un reto monumental. No sólo en tiempo presente, ya que esa responsabilidad de acometer y cumplir la promesa electoral es una obligación; sino que los resultados en el sentido del sistema bipartidista pudiera significar una agonía para los demócratas. ¿Cuánto tiempo necesitará el partido azulejo para que insurja una nueva generación desligada de la Agenda 2030? Sin duda es impredecible, en todo caso, no será a corto plazo.
Definitivamente, el partido demócrata ha quedado seriamente desteñido. El discurso en Wisconsin del histórico líder Robert Kennedy estremeció a Estados Unidos. Primero por su origen, por su linaje, y la grosera expulsión que la dirigencia le propinó. Pero con él se ha ido no solo el pasado, sino el presente y el futuro de los demócratas. Por el momento este partido simboliza el fraude, la corrupción y el crimen. La desaparición en la frontera de 325 mil niños, el narcotráfico, la industria farmacéutica y la agricultura que envenena a la población, son inmensos retos que tiene por delante el presidente Donald Trump.
Aun cuando el reto es de dimensión colosal, me siento tranquilo y confiado porque alrededor del presidente electo Donald Trump, su administración refleja como un sello de luz, la imagen de la relación con Dios. La victoria electoral corrió como una mancha de aceite en innumerables condados, incluyendo los Estados todavía gobernados por demócratas. Considero que esa enorme fuerza permitirá que en las escuelas, universidades, empresas y ciudades se levantará con fuerza inusitada o arrolladora, una nueva civilización judeocristiana que con seguridad tendrá fuerte impacto en todo el universo. De ese impacto escribiremos en otra oportunidad.



