CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El Plan Marshall de la Chevron

El régimen de Caracas no está caído, pero sí está muy golpeado, muy maltrecho. El
narco-régimen de Maduro y sus asociados llevan años destartalados, pero para ellos
todavía funciona; y a todos ellos les funciona muy bien. Pero para la inmensa mayoría todo
es tragedia.

Tras la casi eliminación de las restricciones que le tenía impuestas la Casa Blanca de Donald Trump a la HAMPOCRACIA bolivariana, sin duda alguna ahora ha recibido una “milagrosa” inyección de vida artificial, gracias a las decisiones instrumentadas por la administración Biden/Harris de este país.

A Maduro y a los suyos los sacaron de la terapia intensiva en que se encontraban a inicios de la peste china, y ahora los tienen en una rehabilitación asistida bajo los cuidados intensivos de la Chevron. Todo ello en menos de tres años. Meteórico. Un Plan Marshall para mantener en funcionamiento a toda esa maldad. El Departamento de Estado del señor Joe Biden, con la complicidad traidora de la MUD, el G4 y los negociados de Gerardo Blyde y compañía, mantienen pegado con saliva de loro a un régimen ineficiente, corrupto y asesino al poder absoluto sobre toda Venezuela.

Con la tremenda recuperación de la producción y exportación de crudo y gas, la Chevron no solo ha reemplazado a la quebrada PDVSA. La Chevron además hace negocios en un ambiente de completa y total falta de normas, procedimientos y controles sobre las riquezas venezolanas que le extrae por delegación autorizada del gobierno norteamericano, para el beneficio exclusivo del régimen de Caracas. Hoy por hoy, todo lo que sale de Venezuela en hidrocarburos cae inevitablemente, «y sin pasar por go«, en los bolsillos de todos aquellos facinerosos que controlan a nuestro país.

Eso ha abierto una caja chica descontrolada como nunca antes se había visto en ningún momento de la historia de Venezuela; ni en las peores tracalerías de Juan Vicente Gómez. Porque hoy, total y completamente, Maduro y sus gánsteres operan como dueños nominales y absolutos, sin ninguna forma de rendición de cuentas a nada ni a nadie, sobre todo de las materias primas que produce y comercializa nuestro país.

¿El referéndum del domingo 3 de diciembre puso al descubierto que el régimen se quedó sin pueblo? ¡Sí, claro que sí! Pero también enseñó al venezolano de bien y a todo el mundo que lo quiera saber, que lo electoral en Venezuela es y seguirá siendo el papel higiénico de la política de los falsos arreglos en nuestro país. Y como para que poquísima gente le dedique tiempo, pensamiento y accionar político a las implicaciones de la tremenda abstención de ese domingo, el régimen le secuestró gente al equipo de María Corina.

El objetivo final es un anuncio claro y fuerte. Que nadie se le desenfoque a los cubanos. Que ni María Corina ni nadie en ninguna parte se equivoque: Venezuela es una dictadura y dictadura no sale con votos.

Tampoco es embuste: el régimen tiene control absoluto de los cuatro gatos que le hacen el papelote de fingir ser oposición. Y cada vez que les dé la gana a los cubanos, Maduro y sus instituciones de comiquitas colocan uno y otro obstáculo más en una yincana sinfín, para mentir sobre la falsa opción electoral. Esta más que visto: ¡ellos no salen ni por el carajo por las buenas!

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