CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

El presidente peregrino

González Urrutia parece estar enchinchorrado en la zona cómoda de presidente electo. Y, con él, la Venezuela que le ganó electoralmente de rabo alzado a la dictadura el 28 de julio, se quedó en suspenso.

Alguien por ahí tuvo los cojones de llamar a Edmundo «El Presidente Peregrino». Y resulta que al único que conocimos como “peregrino” fue a su Santidad Juan Pablo II. Por cierto, un hombre que puede ser considerado como uno de los políticos más incisivos y sagaces del siglo XX.

No me suena que ese sea el caso de nuestro presidente electo, sin ánimo alguno de ofender.

Ni la constitución ni la realidad política conoce del cargo o del título de “presidente peregrino” en Venezuela. Se es o no se es. Eso es todo. Porque, de pana: esto, tal y como está, no es ni chicha ni limonada.

Resulta que lo de “peregrino” es muy bueno si piensas hacer el camino a Santiago de Compostela.

Pero no sirve de nada si la intensión consiste en torcerle el pescuezo a los pajarracos que llevan casi treinta años carroñando a Venezuela.

Así, mientras algunos juegan al país de “nunca jamás de Peter Pan”, María Corina Machado se está enfriando en la clandestinidad. Escondida y armando peos por la red no se sale del Tren de Miraflores.

El régimen, con un par de pasos por delante con sus amigos de siempre y ahora los nuevos que permanecen encapillados, está dejando que pase el tiempo y que la gente se olvide de “aquello”.

Siempre lo ha hecho; y siempre le ha salido muy bien la jugada.

Tratando como siempre de ganar “por cansancio”, se atornillan cada vez más al poder. Porque algo hicieron. Algo cambiaron. Algo reemplazaron. Es de cajón que pactaron con alguien bien, pero bien, importante en estos días que corren.

Y todos lo sabemos; el régimen es capaz de acomodarse con el mismísimo Satanás si el Diablo les asegura que, operando con ellos, conservan el poder en Venezuela.

Con la sola sospecha de que algo de esa naturaleza haya podido suceder a nuestras espaldas, Venezuela tiene que moverse. No esperar que las ranas echen pelos, Edmundo deje de pasear y María Corina nuevamente emblematice la oposición decente al régimen que controla a Venezuela desde su resguardo inviolable.

Sin un proyecto posible de rebeldía y de rebelión popular, Venezuela se jode, y por muchísimo tiempo más. Si antes el país estaba en alquiler, todo indica que ya ha sido puesto en venta. ¡Y el cliente, esta vez, es arrechísimo!

Tiene con qué y parece que si los diablos del siglo XXI se portan “bien”, hasta les dejarán regresar a pasear a los parques de Disney, aunque usted no lo no lo crea.

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