El principio del fin


Yo creo que a la nación venezolana no le sale desviar su atención sobre lo urgente que está sacudiendo al país, por lo IMPORTANTE que se está moviendo. A mi juicio, en este momento no nos debe quitar el sueño la legitimidad o no de la asamblea de 2015; que Dinorah saliera de un sombrero del Departamento de Estado, o que María Corina esté o no por fuera en las negociaciones para la muy próxima formación de un gobierno de transición para Venezuela. Nuestra Venezuela, no es de ella; el país es de todos los venezolanos… ¡No lo olvidemos! ¡Ya pasó una vez… no permitamos que nos vuelva a ocurrir!
¡Eso es solamente “urgente” para cuatro gatos, no para toda Venezuela! Lo IMPORTANTE, lo chiquito, lo sustantivo, es que nos deshagamos del Rodrigato y del resto de la basura del siglo XXI, que todavía mantiene bajo sus feas garras lo poco que han dejado de país aquellos rufianes.
Por eso: “¡Dejemos que se queden afónicos de tanto hablar y con la manos ulceradas por tanto jalar!”. La receta de las “Fases” ha sido preparada en Wall Street; es cita en la Casa Blanca y será montada dentro del Palacio Federal Legislativo como si se tratara de
una hallaca navideña, donde un gentío mete las manos.
Señores: ¡eso es INEXORABLE! Inversionistas privados norteamericanos y del resto del mundo, el Fondo Monetario Internacional, escritorios de reestructuración de deudas y poderosísimos caimanes de caño que llevan años vistiéndose, desde mucho antes del 3 de enero, para la “Cena en la rica Venezuela”.
Los petroleros, aquellas “pobrecitas” empresas robadas por el intergaláctico y Rafael Ramírez ya desfilaron por el Miraflores de Delcy; y se “arreglaron” con petróleo por ellos mismos extraído y con el propósito de cobrarse y darse los vueltos. Sin embargo, e
insisto en ello: ¡Es la hora de la institucionalidad en Venezuela! ¡Y ahí, ahí nuestra Patria Grande, es la que tiene el juego abierto!
Es el tiempo del andamiaje que primero garantice lo que el país debe y lo que le van a hacer pagar sin deberlo legalmente; y, segundo que comience la limpieza profunda dentro del estado maltrecho que aquellos rufianes nos han dejado para rehacer los
tejidos jurídicos, políticos y de reglas de juegos que le devuelvan las libertades, tanto civiles como colectivas, a la nación venezolana.
Ése, mis amigos, es el pedazo de país al que los venezolanos nos tenemos que sumar.
No digo que olvidemos lo que nos han robado y lo que nos van a continuar tratando de robar; hablo de empujar los cambios que nos permitan construir un territorio que nos ayude a reclamar por las injusticias que nuestro pueblo ha padecido por casi treinta años de quienes nos aporrearon; y también por aquellos que le hicieron el juego de la falsa democracia al régimen para que nos pisotearan.
Una Venezuela finalmente sin Delcy, sin los malandros y rufianes que la acompañan, como debió haber ocurrido desde aquella feliz madrugada del 3 de enero. ¡Esa Venezuela es posible! En ese “retrato” el país civil y político finalmente aparece fotografiado. Eso que viene nos coloca al principio del fin de esta pesadilla.
Compatriotas: ¡Despertemos!
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