Opinión

El problema soy yo

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa.us

Hace un tiempo, el título de un escrito fue el «problema es usted». Básicamente refería el proceder de mucha gente desde los antivalores y su imposibilidad volitiva de someter las emociones a la razón. ¿Qué pasó entonces?

Pasó que sé, pero no he aceptado el nivel de evolución de cada persona y su rol en la trama de mi vida, donde unos serán los villanos y habrá tantos como necesite para mi propia evolución.

De allí que cada uno, cumpliendo con su rol del «malo de la película» y según el perfil de su personalidad, mentirá, cometerá delitos, indecencia, manipulará y todo lo que constituye los antivalores.

Las culturas espiritualistas, como la budista, hinduista, jainista, llaman karma a todo esto que refiero ut supra, cuyo significado en sánscrito es acción o energía trascendente derivada de los actos, palabras o pensamientos. Por eso «se peca» de palabra, obra y omisión. El sabio Newton lo expuso como su tercera ley.

De acuerdo a lo señalado, todo sucede en perfecta armonía de correspondencia absoluta, es decir, recibiré, según las leyes del universo, lo que merezco y necesito para mi propia evolución espiritual, cual es el fin de mi experimentación en este plano existencial.

Los valores que he creído, aceptado, promovido y compartido, como el honor, la decencia, dignidad, la sinceridad, la transparencia, la honradez, la moral, las luces, entre otros, siguen siendo buenos y nunca deberán abandonarse, aunque me suelan poner en desventaja y hasta decadencia material, pues la adversidad no es otra cosa que la gran prueba sobre lo acendrados o aparentes que son esos valores en cada quien.

Una de las más perversas mentiras de los truanes es vestirse de esos valores cual disfraz, que desaparecerán a la primera embestida del universo con sus modos de hacer que sucedan las cosas.

El sabio Heráclito dijo: «Lo único permanente en la vida es el cambio» y Freud: «La verdadera inteligencia está en la capacidad de adaptarse a los cambios». El Libertador: «Observemos buena conducta y dejemos al tiempo hacer prodigios». Por este último pensamiento, nunca debemos asumir la opción de rendirnos y abandonar los valores que nos hacen brillar.

Reconocer que el problema es una interpretación errada de los acontecimientos, como equivocada la respuesta a ellos, debe ser el primer paso.

El místico y sublime significado de la conseja de Cristo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos» (Mateo 8:22), no es otro que entender el papel de cada quien según su evolución y aceptarlo, pero lo más significativo es que aceptándolo realmente nos aceptamos nosotros mismos como parte del plan divino se Dios con todas nuestras deficiencias.

La anarquía que vivimos como fenómeno sociopolítico es la expresión del karma colectivo, de la guerra total con infinidad de manifestaciones, medidas de distracción o engaño o modus operandi.

Ser luz del mundo no es una vanidad, es un deber y capacidad de todo el que descubra la verdad que nos hace libres. No requiere reconocimiento cuando es auténtica, solo brilla por decisión personalísima.

Los ángeles de Dios no son niños alados, blanquitos todos, creados por las mitologías. Eres tú cuando lo decides.

Esperar que las cosas sucedan como nos interesa y rabiar si no ocurre así, constituye la más acabada expresión del egocentrismo de la involución.

«Dios concede la victoria a la constancia», dijo Simón Bolívar.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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