El Fogón de la Editora

EL TOCUYO Y LA FAMILIA MEDINA CARRASCO ESTÁN DE LUTO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Tengo el corazón desgarrado de dolor por la partida de mi madre al cielo. El miércoles por la mañanita María Luisa Carrasco murió. Mi hermana Flor y Yamileth, la persona que nos ayuda en casa, le cerraron los ojos. Ellas sí que pudieron besarla en su partida y desearle, entre susurros, buen viento en su camino hacia el Señor, mi Dios.

De lejos, desde muy lejos, veo por encima de mi hombro a Pablo, mi hermano, sufrir en silencio por la separación física definitiva de nuestra madre. Y siento como nuestro pequeño apartamento se hace inmenso por el tremendo dolor de no poder estar, ni haber podido estar a su lado en los últimos instantes de mamá. Ni tampoco estar presente cuando fue devuelto su cuerpo a la tierra. Que Dios me perdone: esa sensación, ese completo dolor, me quema y me quemará mientras viva.

Escogí luchar por mí país. Con lo poco que tengo y lo poco que sé. Como directora y editora del principal medio de comunicación de la Resistencia al régimen de Caracas, tengo que pagar el precio por decir la verdad sobre un país con demasiadas mentiras, tengo que cargar con la imposibilidad de poder regresar a Venezuela. No pude darle un beso de despedida a mi madre y pedirle, por última vez, la bendición a mi madre amada e inolvidable.

Todos los diciembres, todos los fines de año, rogaba y ruego por la pronta extinción de esta pesadilla que vivimos los venezolanos en manos de esa gente. Y así regresar e ir y volver cuando quisiera y con total tranquilidad a ver a mi gente, a mis sabores, a mis olores, a mis afectos más cercanos, hoy a millones de años luz de mi vida.

Imposible, mientras los indecentes del siglo XXI mantengan de rodillas a mi país, regresar a Venezuela. Ni de visita. En mi condición de ciudadana norteamericana, con lo que hago, con el compromiso irrenunciable que he adquirido por la recuperación de mi país de origen, sería un rehén de primera, me harían presa en cuanto pusiera un pie en Maiquetía.

No me fue posible. No le ha sido posible a cientos y miles de venezolanos regados por el mundo, con los cuales también compartimos este tremendo dolor por los que dejamos o nos obligaron a dejar atrás.

María Luisa Carrasco fue una gran mujer de El Tocuyo; madre, abuela, bisabuela, tatarabuela, cultora, intérprete, amiga y ejemplo para cientos de personas que hoy también lloran su partida. Ella significa el profundo sufrimiento de la Venezuela obligada, castigada a estar separada. En el dolor, en la pérdida también nos encontramos como pueblo.

Paz a los restos de mi madre, María Luisa Carrasco. Paz para las almas inmortales de tantas y tantas madres que nos han dejado en medio de esta dramática y criminal separación a la que esta gente malvada nos ha obligado. ¡Amén!

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