El triunvirato


Dejémonos de cuentos de camino: a quien están protegiendo en este momento los americanos estacionados en Venezuela es a la dictadura. Las tropas y los impresionantes cachivaches que las fuerzas armadas de Estados Unidos están bajando en el país son para cuidar al chavismo. Por supuesto: también están rescatando, curando gente en sus hospitales de campaña, dándoles cobijo, agua y alimentos a los miles de damnificados en las zonas cero.
Pero llamemos a las cosas por su nombre. Hasta ahora, hasta este momento, el país está siendo objeto de una invasión en todas sus formas, de naturaleza humanitaria, como nunca se había visto en el Caribe; ni tan siquiera en el Haití del último de sus terremotos.
Dios bendiga al Tío Sam y al Tío Donald por echarse encima lo que un régimen corrupto y de hampones no ha tenido nunca: capacidad de gerenciar, ¡la vida de los venezolanos! Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que la misma salsa con
que se está cocinando la crisis humanitaria venezolana, no se esté usando para preparar el control total sobre el país y sobre el malandraje del siglo XXI. Todos deberíamos tenerlo bien claro: eso fue lo que quedó pendiente por llevar a cabo el 3 de enero.
En Venezuela no hay soberanía que valga, ni hampones de las fuerzas armadas que la hagan valer. Los traficantes de droga de las gloriosas fuerzas armadas bolivarianas, chavistas, socialistas y no-sé-cuántas idioteces más, fueron barridos, convertidos en nada
por el ejército norteamericano que capturó a «Narcolás» y a alias “Cilita” el sábado 3 de enero en menos de 2 horas.
Todas las defensas, así como las fuerzas aéreas y terrestres bolivarianas fueron eliminadas en menos de lo que espabila un cura. Y eso no se puede olvidar; tampoco se puede dejar de decir. Mediante un acto de guerra, se llevaron por los pelos al dictador de turno y a su siniestra esposa, para que ambos dieran cuentas de sus “negocios sucios” frente a una corte norteamericana.
Señores: de ahí «palante» todo, todo es nuevo, inédito en Venezuela. El tema de las fases no ha sido otra cosa que un una narrativa muy tonta, con el fin de empastelar la necesidad de libertad y de reinstitucionalización del país en que están las grandes mayorías en Venezuela desde hace 30 años. De locos: ¡se llevaron a «Narcolás» y dejaron a los mismos delincuentes de su banda al frente del estado! Y eso, eso caballeros, eso es un completo absurdo.
Insisto: tú tumbas o te llevas, o borras del mapa a un dictador, e inmediatamente promueves una junta de gobierno para controlar y manejar el coroto. No sales con el cuento de unos plazos constitucionales, cuando acabas de pisotear la constitución del país que acabas de penetrar.
Una situación de esta naturaleza es completamente política, y tuvo una respuesta igualmente político-militar.
Solo que ni el señor Marco Rubio, ni mucho menos ninguno de los hampones que las fuerzas armadas norteamericanas dejaron a cargo en Venezuela se han molestado en explicarnos. Y lo cierto es que, tras la captura de Maduro, las fuerzas armadas norteamericanas dejaron montado un triunvirato para que dócilmente le acomodara las cuentas pendientes por pagar a favor de las petroleras saqueadas por el «intergaláctico», la banca internacional y los alegres chicos de Wall Street.
Fueron los pavorosos terremotos los que terminaron de hacer evidente el patético comportamiento de la dictadura, así como la imperiosa necesidad de llevar a cabo las cosas como se deben hacer… Yo creo que llegó la hora de hablar claro y de resolver lo
que está pendiente en Venezuela, ¿no les parece?
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